Seguimiento a graduados: potencialidades y retos

No ha resultado fácil para la universidad interpretar los cambios y las necesidades de la sociedad.

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Desde su fundación, la universidad, como institución, se debe a la sociedad y a ella es a quién debe tributarle, por esta razón, su principal interés siempre ha girado en torno a la satisfacción de dichas demandas sociales, mediante la promoción de profesionales graduados en áreas específicas, quienes tienen la responsabilidad de aportarle a la sociedad en la solución de sus innumerables y complejos problemas.
Sin embargo, no ha resultado fácil para la universidad interpretar los cambios y las necesidades de la sociedad; por lo tanto, ha sido cuestionada y criticada en virtud a su ‘lenta’ capacidad de respuesta. Pese a esto, no ha dejado a un lado su tarea y se ha ingeniado una serie de métodos que funcionan como una especie de termómetros sociales, en donde uno de los más potentes es el seguimiento a graduados, pues quién mejor que ellos para informarle a dicha institución sobre el resultado del proceso de formación, su experiencia en el mundo laboral y su relación con el entorno.
Dicho seguimiento es una práctica útil y conveniente para ambos, aunque todavía no ha sido presentada así, ya que al graduado no se le ha mostrado sus beneficios y se siente objeto de estudio al tener que diligenciar varios cuestionarios en diferentes momentos del tiempo, para lo cual pone cada vez mayor resistencia, implicando esto mayores retos a un proceso de beneficios mutuos.
Otro de los desafíos obedece a que las universidades cuentan con un alto grado de desactualización en las bases de datos de graduados, debido a que no existe una cultura de actualización por parte del egresado, cuando cambia de domicilio, por ejemplo, ni hay un sistema de información universitario tan eficaz como el de la Dian, el cual permita cruzar diversas fuentes de datos con el fin de mantener poner al día dicha base. El seguimiento a graduados podría satisfacer en parte estas dificultades.
Tal vez la relación entre el graduado y la institución ha estado definida a partir de una serie de vínculos que van desde demandas de formación, consultorías, bolsas de empleo, capacitación y recreación, hasta el envío de información institucional mediante boletines, entre otros. Pero, dicha relación siempre ha estado cruzada por unos reclamos implícitos de prestigio, es decir, la universidad le reclama al graduado un buen desempeño laboral, mientras que el graduado le exige la sostenibilidad de la formación y, cada vez, con mayores estándares de calidad.
Sin embargo, ante estos reclamos mutuos y sin una información fiable, a la universidad le quedará más difícil satisfacer las demandas sociales. Por ello, es necesario conocer la experiencia del graduado en el medio, para fortalecer aquello que viene funcionando bien y corregir todo lo que amerite cambios. Si se avanza en este sentido, y las universidades interpretan bien la información, se contribuye, incluso, hacia una educación más pertinente. 
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