Tres males, un pueblo, muchas reflexiones
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Generalmente después de toda catástrofe vienen los problemas de la reconstrucción: por un lado está el tema del financiamiento y por otro la necesidad de autoridad, liderazgo y ética para aunar los esfuerzos que permitan coordinar las actividades para el restablecimiento. Haití es un ejemplo, ya que a un año del terremoto, los haitianos aún claman por las ayudas y tuvieron que recordar a sus víctimas en ceremonias al aire libre porque no se han reconstruido los templos.
Hace pocos días dijo el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, que en Haití “hay demasiados actores y poca coordinación”, pero agregó que no compartía las opiniones sobre el lento proceso de reconstrucción ni las críticas sobre los escasos avances. Considera que el problema reside en que la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (Cirh) tiene que ser dotada de poderes y de recursos. Además, consideró que la situación política es otro de los obstáculos, máxime cuando se ha descubierto un fraude electoral, por el cual la OEA acaba de pedir el retiro del candidato oficialista Jude Celestine. Esto cambia el calendario electoral y es posible que el próximo 7 de febrero no se haga entrega del poder.
En las ceremonias de recordación a sus víctimas, los haitianos manifestaron contra la ONU y las ONG acusándolos de estar malgastando el dinero de las ayudas; mientras la ONU informaba que había entregado el 63% de las ayudas prometidas por la comunidad internacional.
Hay que recordar que Haití, luego del terremoto, ha soportado 5 huracanes (Fay, Hanna, Gustav, Ike y Tomas), los cuales dejaron un brote de cólera, que según el Ministerio de Salud Pública ha dejado 3.759 muertos y 181.829 afectados; aunque la epidemia no ha llegado a su punto máximo, según la Organización Mundial de la Salud.
Por lo tanto, en el último año, el terremoto, la situación política y los huracanes han sido 3 males que han impedido que el pueblo haitiano logre recuperarse.
Conviene ahora reflexionar internamente, justo cuando se han iniciado investigaciones y auditorías a las Corporaciones Autónomas Regionales, entre otras instituciones, por negligentes; vale la pena pensar también en la planeación local, en los mecanismos de intervención pública y en la forma de canalización de las ayudas, con el fin de evitar que los hechos se repitan y que las contribuciones se pierdan o se malgasten.
Muchas regiones del país son receptoras de cuantiosos recursos internacionales, los cuales llegan canalizados por programas de cooperación; pero en dichas zonas se escuchan muchas críticas sobre el impacto de estas intervenciones. En algunos casos critican las actividades que realizan las organizaciones, mientras que en otros, la forma como se gastan los recursos. Esto debe ser motivo de preocupación y debe llamar la atención de las autoridades, ya que justo cuando la lluvia ha disminuido y cuando las inundaciones dejaron de ser noticia de primera plana, valdría la pena investigar sobre las ayudas y su distribución, pues la historia no es muy benevolente en situaciones semejantes. No más crónicas de muertes anunciadas.
Hace pocos días dijo el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, que en Haití “hay demasiados actores y poca coordinación”, pero agregó que no compartía las opiniones sobre el lento proceso de reconstrucción ni las críticas sobre los escasos avances. Considera que el problema reside en que la Comisión Interina para la Reconstrucción de Haití (Cirh) tiene que ser dotada de poderes y de recursos. Además, consideró que la situación política es otro de los obstáculos, máxime cuando se ha descubierto un fraude electoral, por el cual la OEA acaba de pedir el retiro del candidato oficialista Jude Celestine. Esto cambia el calendario electoral y es posible que el próximo 7 de febrero no se haga entrega del poder.
En las ceremonias de recordación a sus víctimas, los haitianos manifestaron contra la ONU y las ONG acusándolos de estar malgastando el dinero de las ayudas; mientras la ONU informaba que había entregado el 63% de las ayudas prometidas por la comunidad internacional.
Hay que recordar que Haití, luego del terremoto, ha soportado 5 huracanes (Fay, Hanna, Gustav, Ike y Tomas), los cuales dejaron un brote de cólera, que según el Ministerio de Salud Pública ha dejado 3.759 muertos y 181.829 afectados; aunque la epidemia no ha llegado a su punto máximo, según la Organización Mundial de la Salud.
Por lo tanto, en el último año, el terremoto, la situación política y los huracanes han sido 3 males que han impedido que el pueblo haitiano logre recuperarse.
Conviene ahora reflexionar internamente, justo cuando se han iniciado investigaciones y auditorías a las Corporaciones Autónomas Regionales, entre otras instituciones, por negligentes; vale la pena pensar también en la planeación local, en los mecanismos de intervención pública y en la forma de canalización de las ayudas, con el fin de evitar que los hechos se repitan y que las contribuciones se pierdan o se malgasten.
Muchas regiones del país son receptoras de cuantiosos recursos internacionales, los cuales llegan canalizados por programas de cooperación; pero en dichas zonas se escuchan muchas críticas sobre el impacto de estas intervenciones. En algunos casos critican las actividades que realizan las organizaciones, mientras que en otros, la forma como se gastan los recursos. Esto debe ser motivo de preocupación y debe llamar la atención de las autoridades, ya que justo cuando la lluvia ha disminuido y cuando las inundaciones dejaron de ser noticia de primera plana, valdría la pena investigar sobre las ayudas y su distribución, pues la historia no es muy benevolente en situaciones semejantes. No más crónicas de muertes anunciadas.
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