Las Farc: 1984
La evolución y las contramarchas de los procesos de paz deben analizarse con rigor para no dejarse
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Al escuchar y leer a nuestros compatriotas secuestrados -recién liberados- cualquiera deduce que resulta inaplazable acelerar el término de la guerra. El ignominioso tratamiento padecido por todos ellos demuestra el nivel de degradación a que ha llegado este macabro recurso terrorista.
La canción del soldado, inspirada mientras se encontraba encadenado a un árbol, como si fuese un animal rabioso, estremeció a Colombia entera sin distingos de ningún orden. En verso elemental resume el drama de quienes han sufrido la infamia del secuestro: "ayer era yo..., hoy soy otro".
La evolución y las contramarchas de los procesos de paz deben analizarse con rigor para no dejarse atrapar por el engaño estratégico, o por un optimismo ajeno a la realidad. Valga entonces recordar la visita que hicimos a Casa Verde por esta época, hace ya un cuarto de siglo, como miembros de la Comisión Verificadora, designada por el presidente Betancur, comandada patrióticamente por Jhon Agudelo y Amparo Bouza.
En aquella ocasión nos recibieron, con excepción de Guaracas, los cuatro miembros restante del Secretariado de las Farc: Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, debidamente escoltados por dos jóvenes de la línea militar e ideológica, respectivamente: 'Raúl Reyes' y 'Alfonso Cano'.
También estuvieron presentes los empresarios Alfredo Carvajal, Carlos Villa, Carlos Ossa, Juan Sebastián Betancur y Nicanor Restrepo; como los ex ministros Jaime Arias y Gerardo Eyerbe, el profesor Guillermo Hoyos, los sindicalistas Gustavo Serpa y José Corredor, lo mismo que el secretario del PC Gilberto Vieira con su vocero Alberto Rojas Puyo, y los políticos Horacio Serpa, Álvaro Escallón, Ricardo Sánchez, Vera Grabe, Emilio Urrea y Gelacio Cardona, y los periodistas Margarita Vidal, Óscar Alarcón y Lucy Nieto.
Al regreso de nuestra misión, por invitación que nos hiciera Enrique Santos Castillo, el diario El Tiempo publicó un informe (reproducido por la Revista Consigna No. 262 y 487), con una serie de consideraciones que hoy podrían contribuir a evitar confusiones, disparates e ilusiones fuera de toda realidad.
A saber:
1) Las Farc, en 1984, sin negar su objetivo prioritario de acceder al poder, pensaban que su estrategia de lucha, todavía no había alcanzado a generar las 'condiciones objetivas y subjetivas' suficientes y, por consiguiente, era la hora de incorporarse como movimiento político dentro de las reglas de juego de la 'democracia burguesa', según terminología empleada en su discurso de bienvenida por Jacobo Arenas;
2) Las Farc, en 1984, condenaban los recientes secuestros, extorsiones y narcotráfico como instrumentos de lucha y, de paso, responsabilizaban de tan siniestras tácticas a antiguos desertores y a la delincuencia común. Manuel Marulanda ofrecía, por ejemplo, dar a la publicidad los nombres de los criminales que a su nombre continuaran cometiendo tan execrables delitos. Preguntado por la periodista Lucy Nieto sobre nombres como los de Abraham Domínguez, César Córdoba y José Luis Arango, Marulanda negó cualquier autoría en tales secuestros; y
3) Las Farc, en 1984, calificaban como ilusorio creer que las reformas estructurales de forma social, político y económico que el país demandaba se podrían concretar de la noche a la mañana y, por lo tanto, consideraban estar predispuestas para contribuir a materializarlas mediante un diálogo nacional, movimiento de masas y elección de una constituyente.
Conclusión: treinta años atrás, las Farc eran partidarias, al menos en teoría, de una solución democrática al conflicto múltiple que padecemos. Infortunadamente, otra ha sido la historia verdadera.
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