Il Cavaliere

Berlusconi es el arquetipo del ‘videopoder’ que le habían bastado 59 años de vida turbia para ser el

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En medio de la hediondez moral que destila la escuela política implantada por Berlusconi, la misma que Sartori llamará la “video-política” y el “video-poder”, estamos ante la transmutación del “hombre lector” creado por Gutemberg en el “hombre que ve” sometido, como votante, a lo que ordenen los dueños de los medios.
Berlusconi es, sin duda, el arquetipo del “video-poder” que le habían bastado 59 años de vida turbia para ser el hombre más rico de Italia gracias a su maestría para burlar el código penal y los estatutos de control financiero a base de toda clase de artilugios, gambetas y trampas de “cuello blanco”. Múltiples procesos en marcha y su fracaso como Jefe de Gobierno en 1994 no habían sido impedimentos suficientes para que sus compatriotas en un ataque de amnesia olvidaran el sabio consejo de Santayana: “Los pueblos que olvidan el pasado están condenados…” Lo cierto es que las incompatibilidades éticas, legales y hasta constitucionales no lo interfirieron para reposicionarse en el poder después de haber invadido tentacularmente todo, absolutamente todo: la banca, la TV (3 canales), las editoriales más poderosas, la radio, la prensa y, en fin, hasta el mismo fútbol. Por ejemplo, no tuvo inconveniente en aliarse con el izquierdista y xenófobo Umberto Bossi y el posfascista Gianfranco Fini, importándole una higa los prontuarios delincuenciales de ambos. Mientras tanto el Gobierno está a su merced hasta que el levantamiento de la inmunidad le lleve a los estrados judiciales.
El síndrome Berlusconi está afectando a todo occidente y en algunos países ya amenaza en convertir en norma la ecuación: riqueza económica, igual a poder político. La razón más profunda de este estado de cosas tan alarmante es muy sencilla: los partidos políticos tradicionales están reduciéndose a ser sumas incoherentes de minifundios electorales que, dados los altos costos de las campañas, terminan buscando el amparo de multimillonarios de la misma ralea del Premier.
La denuncia de Sartori es contundente: “Hoy por hoy, cada elección depende más que de otro cualquier factor particular de cuánto dinero puede gastarse en determinados estrategas y de cuántos espacios televisivos pueda pagar”.
Ahora, il cavaliere ha entrado de frente a cambiarse sólo el rostro exterior puesto que sus interioridades no están al alcance de la cirugía plástica y porque, además, está pleno en seguir siendo lo que es y lo que ha sido siempre. Por ejemplo, un equipo de magos deli bsturí lo trasladó desde California para habilitar uno de sus cuatro famosos palacios con el fin de rejuvenecerlo hasta donde fuere posible.
Perpetuarse en el poder político a través de sus miles de millones parece ser su objetivo y, por eso, rebajarse diez o quince almanaques le han caído bien a su pedofilia. Hoy, después de semejante transformación estética, debe estar calculando que la patria de Garibaldi continuará a su servicio y sus habitantes a su libre disposición.
Más que preocupante es ver cómo el sistema democrático es tan imperfecto e indefenso que le permitió “coronarse” como presidente de la Unión Europea a un personaje de la calaña de Berlusconi. Por fortuna, Chirac, Blair y Shroede al ignorarlo y descartarlo en la Cumbre de Berlín lo pusieron, tiempo atrás, en su lugar.
 
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