La reelección de Obama
Obama ha anunciado una serie de rectificaciones muy puntuales que nos permiten confiar, que estamos
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Cuando un personaje de los irrepetibles como Barack Obama, llega al poder, su máximo desafió es llevar a cabo un reformismo estructural a fondo, sin dejarse intimidar por sus costos electorales inmediatos.
Es la gran diferencia entre un presidente mediocre, de simple mantenimiento, con la de un estadista y líder dispuesto a trascender más allá de las quisicosas de la política menuda. Y, por ello, la frase aquella que nos enseña, que la historia de los pueblos es la biografía de sus grandes hombres.
El comportamiento de los votantes gringos en la llamada 'mitaca' ha sido casi siempre el mismo: buscar un balance de mayorías que equilibren a demócratas y republicanos en el Ejecutivo y el Legislativo, al menos en teoría. Esta estrategia depende, irónicamente, del valor y la honradez que haya tenido o no el Presidente en ejercicio frente al cumplimiento de sus compromisos adquiridos como candidato.
En el caso actual, el futuro político de la hiperpotencia será fruto de lo que ha hecho, hace y hará Obama en sus ya reconocidos 'milagros' en salud, energía, impuestos, regulación financiera, educación, inmigración. Es decir, hasta donde pueda lograr los objetivos del famoso "sí se puede", o, si la economía seguirá por encima de todo, incluyendo las derrotas en las urnas.
Pese a lo ocurrido en este pasado 'martes negro', Obama ha demostrado que sí cuenta con las condiciones exigidas a un estadista que sabe conjugar la ideología y la esperanza de cambio con las realidades políticas. Además, que es un mandatario aterrizado, consciente de sus errores tácticos con la capacidad para enmendarlos, que ha entendido que en el siglo XXI, tal como lo afirmara Felipe González, "Estados Unidos no puede solo; y sin Estados Unidos no podemos".
Con la derrota reciente, Obama multiplicará su convencimiento de que ahora sí llegó el momento de concretar un cambio en la mentalidad gringa, y que ya no se puede escatimar esfuerzos para que la retórica antiamericana en el resto del mundo deje de ser el hobby de las nuevas generaciones. Y para ello se requiere, antes que todo, remodelar a la sociedad de su país poniendo en marcha una manera de ser y de tratar a sus contemporáneos, tal como lo soñaron Roosevelt y Kennedy.
Reductos ciegos e híspidos de la extrema derecha intentan, ahora, satanizar la obra del Gobierno de Obama y cada una de sus proyecciones tildándolas de 'socialistas' para lo cual burlonamente hablan dizque de una 'revolución pendiente'. Se olvidan del déficit recibido superior al billón de dólares y el desastroso balance en todos los órdenes de los 8 años del desgobierno guerrero de Bush. ¿Y qué no decir de los excesos de los barones de Wall Street, el 'capitalismo salvaje' haciendo de las suyas y las amenazas de una masa infinita de inmigrantes sin Dios ni ley?
Obama ha anunciado una serie de rectificaciones muy puntuales que nos permiten confiar, que estamos en el lumbral de una nueva era que no debe desaprovecharse, pues, dicho en sus propias palabras "a partir de hoy, tenemos que ponernos de pie, reinventarnos y empezar otra vez el trabajo de rehacer a América".
Afortunadamente, Obama tiene más futuro que pasado. Es consciente, que como gobernante está destinado a hacer la historia y no a que se la hagan.
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