Comercio intraindustrial

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El Ministro de Comercio, Sergio Díaz-Granados, ha venido insistiendo en la necesidad de fortalecer el comercio intraindustrial.
Esto lo reiteró en el reciente encuentro realizado entre Brasil y Colombia, afirmado que entre los dos países hay un amplio espacio que permite fomentar la integración de cadenas de valor.
Resulta oportuno, por lo tanto, precisar en qué consiste este tipo de comercio y cuáles son sus diferencias con el internindustrial.
Mientras que este último se basa en productos terminados y refleja la ventaja comparativa, el intraindustrial es producto de la fragmentación de los procesos de producción en procesos submodulares que se realizan en diferentes sitios del mundo con una integración del producto final que ocurre en un solo sitio.
Cuanto más similares (en dotaciones relativas y tecnología) sean los países, mayor será la proporción del comercio intraindustrial, y cuanto más diferentes, mayor será la importancia del comercio interindustrial.
Además, hay que distinguir entre el comercio intraindustrial horizontal y el vertical.
El primero resulta del intercambio de bienes similares, pero diferenciados, sea por la marca, el estilo, la publicidad y la localización geográfica.
El vertical se refiere al que se genera por el desplazamiento de un producto de un país a otro en sus distintas etapas de elaboración.
Las posibilidades de desarrollar el comercio intraindustrial no se limitan a Brasil, sino, como lo ha sostenido la Cepal, pueden extenderse a otros países latinoamericanos.
En efecto, las relaciones bilaterales entre Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica y México, medidas por el índice de Grubel-Lloyd (IGL), al tener sus productos un mayor índice medio ponderado, que va de 1 a 10, permiten un mayor nivel de comercio intraindustrial y están generalmente asociados a un patrón de comercio de más sofisticación tecnológica. Este examen podría hacerse también con Ecuador, Perú y Chile. En cambio, por razones contrarías, respecto a los países de Asia, el comercio bilateral está dominado por el comercio interindustrial, en el cual América Latina exporta básicamente materias primas e importa manufacturas.
Siendo el Gobierno consciente de la necesidad de fomentar el comercio intraindustrial es necesario definir una estrategia que debería estar dirigida por el Ministerio de Comercio y formar parte de la Política de Desarrollo Empresarial, centrada en la competitividad.
Para ello se requiere la identificación de los sectores que tengan vocación para el comercio intraindustrial, la promoción de articulaciones y una adecuada orientación a los empresarios, que les permita ingresar más fácilmente a este esquema. Bancóldex, a través de su nueva Unidad de Desarrollo, y Proexport, cada uno en el campo de sus competencias, podrían diseñar programas específicos, debidamente coordinados, que permitan a la industria insertarse en estos esquemas de fragmentación con valor agregado.
Lo importante es que el tratamiento del tema no se quede en el diagnóstico, sino que se convierta en acciones y realizaciones específicas.
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