Creando valores compartidos

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Las empresas y la sociedad se han enfrentado a lo largo del tiempo. Ello se debe, en parte, a que los economistas han justificado, dentro del pensamiento neoclásico, la idea de que para maximizar los beneficios empresariales es necesario reducir los costos, entre los cuales se encuentran los de carácter social. Dentro de este concepto estrecho del capitalismo, las empresas contribuyen al mejoramiento de la sociedad a través de sus utilidades, el empleo, los salarios, las compras, la inversión y los impuestos. Ahí deben parar. La conducción eficiente de sus negocios es por sí suficiente beneficio social. Las compañías son en parte entidades autónomas y los temas sociales o comunitarios deben estar fuera de su alcance. Esta tesis fue defendida por Milton Friedman al oponerse a lo que hoy se conoce como responsabilidad social.
Dicha tesis ha conducido, en opinión de Michael E. Porter y Mark R. Kramer, a que el sistema capitalista se encuentre cuestionado porque las empresas son vistas como la causa principal de los problemas sociales, económicos y medio ambientales. En un artículo publicado, como tema central, en Harvard Business Review, en su edición de enero-febrero de este año, con el nombre de ‘Creando valor agregado. Como reinventar el capitalismo y soltar una onda de innovación y crecimiento’, proponen que las empresas abandonen este concepto de creación de valor para optimizar sus finanzas en el corto plazo, que desconoce las necesidades de los consumidores e ignora los factores que determinan su éxito en el largo plazo para hacer frente a los retos de la competitividad. Para superar esta situación sugieren aplicar el principio de valores compartidos, el cual puede ser definido como un conjunto de políticas y prácticas para fortalecer la competitividad de una empresa, que permitan mejorar las condiciones económicas y sociales en las comunidades en las cuales trabajan. La creación de valores compartidos busca identificar y ampliar las conexiones que existen entre la empresa y la sociedad para alcanzar un mayor progreso. Dentro de dicho concepto, las empresas pueden crear valores económicos creando valores sociales. En opinión de estos autores existen tres medios para que las compañías puedan alcanzar este propósito: reinventando productos y mercados, redefiniendo la productividad en la cadena de valor y fomentando el desarrollo de clusters. Estos medios se refuerzan mutuamente. Ya hay algunas empresas que han optado por este camino, como Google, IBM, Intel, Johnson & Johnson y Wal-Mart. El uso de valores compartidos en las empresas apenas está comenzando.
La propuesta, como puede verse, es de gran transcendencia e innovadora por muchos aspectos. Por eso los editores de Harvard Business Review no han dudado en calificarla como una “gran idea” para definir el nuevo papel que las empresas deben jugar en la sociedad y ganar un mayor respeto. Presenta una nueva visión de Michael Porter sobre la competitividad, que al adoptar el concepto de cluster se acerca a la idea de competitividad comouna noción global (competitividad sistémica) y se aparta del de cadenas sectoriales sin ubicación geográfica determinada. Aunque el concepto de valores compartidos se aplica especialmente a las empresas, se extiende también a los gobiernos y a la sociedad civil. Dada su importancia, tendremos oportunidad de referirnos a ella en futuros artículos y sería conveniente conocer otros comentarios al respecto.
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