La cultura de la innovación es la clave
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Es sabido que la innovación es una de las locomotoras previstas en el Plan de Desarrollo 2011-2014 para el crecimiento, la competitividad y la generación de empleo.
Sin embargo, esta no surge expontáneamente ni con acciones aisladas para aumentar sus recursos, como acaba de hacerse con la reforma de las regalías, aunque ello es un paso muy importante.
Se requiere, como paso fundamental, mejorar la cultura de la innovación y establecer una estrategia que estimule las habilidades creativas de las personas.
La cultura de una sociedad no es innovadora cuando no está interesada en cambiar la forma como se hacen las cosas, cuando se valora el pensamiento crítico más que el creativo, se castigan los errores, se desperdician las oportunidades y las personas sienten que los cambios pueden perjudicar su situación social.
Lo peligroso es que Colombia no se da cuenta de esta situación y si algunos la perciben la consideran imposible de cambiar.
Existe la tendencia a hacer las cosas como en el pasado, sobre todo si la forma de realizarlas ha sido exitosa. No están dadas las condiciones personales y geográficas para el cambio, como en el caso de Steve Jobs, según lo relata Walter Isaacson en la magnífica biografía que escribió sobre él. Jobs recibió el ejemplo de su padre, que tenía gran habilidad mecánica para restaurar y vender coches usados y le enseñó a su hijo los detalles del diseño y los principios de la electrónica.
El barrio en el que vivía estaba lleno de ingenieros vinculados a actividades de defensa y tecnología, primero con Hewlett-Packard, que fabricaba material técnico, después con el desarrollo de empresas de semiconductores de Intel, y, finalmente, a la industria de chips de silicio, que le dio un nuevo nombre a la región: Silicon Valley.
Estas condiciones privilegiadas no se dan en Colombia. Los jóvenes no tienen conciencia de la innovación y cambiar esta cultura en una sociedad tan anquilosada no es fácil.
El proceso de cambio debe comenzar con el descubrimiento de los inhibidores que impiden tener una visión más creativa. Como lo enseña Jobs, hay que buscar una intersección entre las humanidades y la ciencia.
En contra de la sabiduría convencional, la función del empresario no es sólo generar utilidades, sino crear grandes productos: no preguntar a los consumidores qué quieren, sino averiguar qué van a necesitar.
Hay que rechazar a la gente que se etiqueta a sí misma como emprendedora cuando lo que está buscando es vender la empresa. No hacen una contribución real a la innovación.
El Gobierno debe estar más cerca de las compañías.
Se debe premiar la capacidad de compartir conocimiento en vez de premiar la posesión del mismo, y reconocer la investigación en equipo. Todo ello exige una reforma a fondo del sistema educativo, fomentando la creación de empresas y buscando la innovación de acuerdo con las habilidades regionales, donde el profesor juegue un nuevo papel basado más en sus responsabilidades profesionales y no en beneficios sindicales, donde la educación se haga por la vía digital y desaparezcan el tablero y los libros de texto.
En el futuro los alumnos deben ver las clases en video, mientras el tiempo electivo debe destinarse para las discusiones y la solución de problemas.
Manuel José Cárdenas
Consultor internacional
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