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El objetivo de triplicar las exportaciones ‘no tradicionales’ no debe ser sólo en la cuantía, sino en su composición y contenido.

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El doctor Hernán Avendaño, a quien aprecio por sus cualidades profesionales y personales, formuló unos comentarios a mi artículo sobre ‘Clasificación de las exportaciones’, en donde planteé la necesidad de contar con una clasificación más adecuada al mundo actual. No voy a referirme a los aspectos anecdóticos de los mismos, sino a los de fondo, que son los que interesan para adelantar un debate constructivo, reconociendo la buena voluntad de acertar que tiene el Ministerio de Comercio Industria y Turismo al respecto.
El propósito de triplicar las exportaciones ‘no tradicionales’ en una década ciertamente no debe ser sólo en la cuantía de las mismas, sino también en cuanto a su composición y contenido, con el fin de evaluar los logros del país para pasar a una sociedad postindustrial basada en la información y el conocimiento, y la mejor forma para hacerlo es midiendo su intensidad tecnológica.
El conocimiento sobre el contenido tecnológico de los flujos comerciales y su evolución a través del tiempo es un mecanismo de valoración de los avances en diversos campos del desarrollo. La dinámica del progreso técnico se transmite en el avance de otros frentes, entre estos, el de competitividad, la productividad y comercio exterior, los cuales son, a su vez, claves para el desarrollo económico.
Como se ha anotado en varios estudios sobre la materia, si las importaciones avanzaran hacia productos de tecnologías menos desarrolladas y las exportaciones siguieran un camino inverso, se podría inferir que el país esté experimentando un progreso tecnológico por medio del cambio estructural a lo largo del tiempo, y ya no requeriría importar la tecnología que necesita. Si, por el contrario, se registraran mayores importaciones de productos de alta tecnología, y exportaciones de menor tecnología, sería más patente la dependencia extranjera en cuanto a disponibilidad de tecnología en las actividades productivas.
Para no adoptar la clasificación de intensidad tecnológica, se aducen razones técnicas relacionadas con la complejidad para su elaboración y el hecho de no tener una base de referencia actualizada, dada la circunstancia que el Dane y la Cepal trabajan con el Cuci 2, cuando ya está disponible el Cuci 4. No desconozco que ellas existen y por eso fue que propuse que se convocara a un grupo de expertos para que estudiara a fondo el tema, teniendo en cuenta las diferentes metodologías de clasificación que existen al respecto (Onudi, Ocde, Cepal y la de Keith Pavitt), así como la elección de la base de datos sobre la cual se trabajaría. El tema no es urgente y este grupo se puede tomar el tiempo que sea necesario. Lo importante es que presente una propuesta consistente, lo más fácil de aplicar y que garantice su permanencia en el tiempo. En la maestría de comercio internacional de la Escuela de Administración de la Universidad Sergio Arboleda se está trabajado sobre el tema.
La clasificación de las exportaciones en minero-energéticas y no minero-energéticas obedece a una situación coyuntural del país y corre el riesgo de quedar en el corto plazo tan obsoleta como es hoy la clasificación de tradicionales y no tradicionales.
Manuel José Cárdenas
emece1960@yahoo.com
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