El año de los dos mínimos

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Un aumento del salario mínimo que supere la inflación y  el incremento de la productividad laboral genera más desempleo y mayor informalidad. Eso es
lo que sucederá con este incremento de 4%. No ha terminado la segunda semana de enero y el 2011 ya quedó inscrito en la historia económica del país. ¿La razón? Será recordado por siempre como el año en que hubo dos salarios mínimos: hasta el 11 de enero hubo un reajuste de 3,4 por ciento y esta semana el incremento se elevó a 4 por ciento tras un sorpresivo anuncio presidencial. La trascendencia de este hecho no obedece una curiosidad estadística, sino a las graves implicaciones que puede tener para la política económica, el desempleo, la inflación y el crecimiento.
Empecemos por el flaco favor que este episodio le ha hecho a la gestión de las autoridades económicas. En lo corrido de este Gobierno, los conocedores del tema han elogiado las calidades de los miembros del equipo económico, y los ha visto obrando con sensatez y buen juicio. Una parte central de su labor consiste en adoptar la mejor medida en cada situación y persuadir a la opinión pública de las razones para tomar esa decisión y no otra, usando para ello su credibilidad técnica y su capacidad política.
El episodio que nos ocupa ha minado la credibilidad y la capacidad de maniobra del equipo económico. Después de que los ministros de Hacienda y Protección Social se emplearon a fondo para explicar que un aumento del salario mínimo de 3,4 por ciento era la mejor opción para el país, su credibilidad se diluyó en un instante ante una declaración presidencial.
No es la primera vez que esto sucede. Hace menos de dos meses el presidente Santos afirmó en un evento que el Gobierno vendería parte de sus acciones en Ecopetrol para financiar proyectos de infraestructura. Ese anuncio no parecía estar bien cocinado en el equipo económico y menos aún en la Junta Directiva de la empresa, tanto así que el Ministro de Hacienda tuvo que dar explicaciones a cuentagotas durante varias semanas. Formular la política económica en los foros y no en las instancias técnicas no es un paso correcto hacia el buen Gobierno.
Pero más delicadas aún son las implicaciones que este nuevo ajuste tiene para el desempleo, la inflación y el crecimiento. Desde el punto de vista técnico está claro que un aumento del salario mínimo que supere la inflación y el incremento de la productividad laboral genera más desempleo y mayor informalidad. Eso es lo que sucederá con este aumento de 4 por ciento, teniendo en cuenta una inflación de 3,17 por ciento (o de 3,58 para los estratos bajos) y un crecimiento negativo de la productividad laboral.
Además de incentivar el desempleo y la informalidad, el reajuste del salario mínimo hará permanente una presión inflacionaria que sólo era coyuntural: la del alza de los precios de los alimentos por el invierno. En otras condiciones ese aumento se habría diluido a mediados de año, pero al incorporarlo en el salario mínimo generará presiones persistentes en los demás renglones de la economía. De esta manera, la Junta Directiva del Banco de la República quedará contra la pared: que muchos precios reciban un empujón de 4 por ciento los ubicará en el límite superior del rango objetivo de la inflación para este año, lo que apresurará la decisión de elevar las tasas de interés y frenará el irregular crecimiento que trae la economía. Vaya moñona…
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