Cementerio de elefantes

Un campeonato mundial tiene gracia porque es el único ámbito en que es posible soñar con que los déb

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Pobre de aquel que no esté haciendo fuerza por la gloria del deporte, sino por una polla hecha cuando el Mundial de Fútbol era tan sólo un álbum adquirido en los feudos de la economía informal. Eran los tiempos en que los ingenuos creían que había que ver caricaturas de partidos como Argelia-Eslovenia, y los incautos pensaban que el petimetre de Cristiano Ronaldo iba a ser la figura del Mundial y no el protagonista del vergonzoso escupitajo que lanzó ante una cámara cuando quedó eliminado.
Pero esos tiempos quedaron atrás y ahora llegó lo bueno. Y mientras muchos hacen fuerza por una mísera polla, yo hago fuerza para que el Mundial de Fútbol haga honor a la verdadera razón de ser de un torneo internacional: servir como cementerio de elefantes. Nada de frasecitas como aquella que dice que lo importante es competir y no ganar... Un campeonato mundial tiene gracia porque es el único ámbito en que es posible soñar con que los débiles puedan derrotar a los fuertes.
Y en ese sentido este Mundial sí que va bien. Veamos qué ha pasado con las naciones más poderosas del mundo. Seis de los miembros del Grupo de los Siete, el exclusivo club de los países más industrializados del mundo, llegaron a Sudáfrica creyendo que iban a arrasar con todo: Italia, Francia, Japón, Inglaterra, Estados Unidos y Alemania. De ellos, sólo sobrevive Alemania, lo que constituye un óptimo resultado para la gloria del deporte: entre las ocho mejores selecciones del torneo sólo una pertenece a las economías más poderosas del mundo.
Alguno dirá que el tropiezo del Grupo de los Siete es una victoria pírrica, porque la economía internacional no sabe de fútbol. Entonces veamos dos dimensiones donde se puede medir el talento futbolístico. La primera es bastante conocida: el ranking de la FIFA. De los diez primeros países del fútbol mundial de acuerdo con este escalafón, la mitad no está en los Cuartos de Final: Portugal, Italia, Inglaterra, Francia y Croacia, que ni siquiera clasificó al Mundial.
Pero hay otra manera de medir el talento futbolístico de los equipos: a través de las implacables fuerzas del mercado. Si funciona la ley de la oferta y la demanda, el valor de las transferencias de los jugadores debería reflejar su productividad como futbolistas. Pues bien, la firma Frontier Economics calculó el valor de los principales equipos del Mundial y los resultados arrojan sorpresas. De las diez selecciones más caras del campeonato, cinco no llegaron a Cuartos de Final: Inglaterra, Portugal, Francia, Costa de Marfil e Italia.
Qué buen Mundial: la mitad de los equipos que han llegado a Cuartos de Final no están ahí por su poder económico, su valor de mercado, ni el peso de su camiseta... Son simples émulos de David que aspiran a descabezar al poderoso Goliat. Como esas ilusiones sólo germinan en el terreno del deporte, yo no voy por la selección más cara (España), ni por la mejor clasificada por la FIFA (Brasil), ni por la más fanfarrona (Argentina). Yo voy por tres dignísimos países que no suman la población de Colombia, y que tienen el menor ingreso por habitante de los Cuartos de Final: Paraguay, Ghana y Uruguay. Una final sin uno de ellos sería tan vulgar como apostar en un casino.
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