Se volteó la torta

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Todos sabemos que cuando los políticos dicen una cosa es porque están pensando lo contrario.
Por eso, cuando Mariano Rajoy, presidente del Gobierno español, dijo hace un par de semanas que la respuesta a la crisis económica de su país consiste en tener más América Latina en España, en el fondo estaba pensando en la presencia ibérica en nuestra región.
Y es que los españoles han sabido aprovechar como ninguno el buen momento económico latinoamericano.
Desde los años noventa, las empresas ibéricas han invertido agresivamente en la región y están recogiendo los frutos. Hace unas semanas sucedió un hecho insólito: por primera vez en su historia, Telefónica derivó más ingresos del mercado latinoamericano que del europeo.
Algo similar sucede con el BBVA, para el cual nuestra región representa más de la mitad de sus ingresos y una buena parte de sus utilidades.
El auge latinoamericano también está cambiando la dirección de la migración laboral. Durante décadas, los latinoamericanos se fueron a España a buscar una mejor vida, pero ahora las cosas son al revés. Según la revista ‘The Economist’, el año pasado casi 20.000 españoles dejaron su país para venir a buscar suerte a América Latina.
El éxodo también incluye a nuestros compatriotas y a algunos vecinos: de acuerdo con los registros oficiales, más de 20.000 colombianos y 40.000 ecuatorianos abandonaron definitivamente España en 2011, muchos de ellos para regresar a sus países de origen.
Esta volteada de la torta suscita distintas reacciones.
Algunos no olvidan los vejámenes a los que se ven sometidos muchos latinoamericanos cuando van a España, desde que hacen interminables filas en un Consulado hasta los casos extremos de las golpizas xenófobas en cualquier metro.
Tal vez, muchos de ellos vean ahora la oportunidad de un desquite, y pidan restricciones a la entrada de capitales y personas al país. Otros tienen una debilidad ‘snob’ por todo lo que suene a extranjero, y quizás estén dispuestos a entregar cualquier cosa con tal de sentirse parte de un vago remedo de cosmopolitismo.
Ni un extremo ni el otro… La inversión extranjera, venga de donde venga, es buena para la economía colombiana siempre que represente dinamismo productivo y generación de empleo.
Por otro lado, las personas de cualquier país también son bienvenidas, en la medida en que vengan a trabajar honestamente y a impulsar la economía, como lo han hecho millones de migrantes en distintos lugares del mundo a lo largo de la historia.
Claro que no sobra tener siempre a mano algunos datos comparativos, para recordárselos a los visitantes que no puedan despojarse de ese airecito imperial que han cultivado durante tanto tiempo.
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El nuevo aeropuerto Eldorado les está quedando grande a sus operadores. Mucho cemento y mucho lujo, y el martes pasado nos demoramos más de 55 minutos desde que aterrizamos hasta que nos pudimos bajar del avión. Culminada la remodelación del terminal, ahora habrá que remodelar a los funcionarios…
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo.
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