Voto-‘finish’
¿Hasta dónde llega el compromiso de Peñalosa con el uribismo y sus vicios?”.
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¿Ustedes no están aburridos de los columnistas que recomiendan por quién votar? A mí no me producen aburrimiento, sino envidia. Sé que no está bien visto que faltando 48 horas para las elecciones uno diga esto, pero sería peor no reconocerlo: todavía no sé por quién depositaré mi voto.
Todo sería mucho más fácil si no viviera en Bogotá y tuviera que elegir al gobernador de Antioquia (mi voto sería por Fajardo) o de Caldas (votaría por Gabriel Vallejo), o al alcalde de Medellín (Aníbal Gaviria) o de Barranquilla (Elsa Noguera). Pero en el caso de la capital la decisión es difícil porque hay dos buenos candidatos: Enrique Peñalosa y Gustavo Petro.
Creo que Gina Parody y Carlos Fernando Galán hicieron un buen trabajo en la campaña, pero a ambos les falta la experiencia política necesaria para gobernar la ciudad. Además, no me gustó la alianza que hizo Gina con Antanas Mockus, un hombre admirable por sus principios, pero desconcertante como político itinerante, cuyo mayor aporte en esta coyuntura sería que Juan Carlos Flórez saliera elegido como concejal.
¿Peñalosa o Petro? El agua y el aceite, cada uno con rasgos muy atractivos, pero también con bemoles. Peñalosa tiene el mayor potencial para ser el alcalde que Bogotá necesita. Basta con pararse en cualquier lugar de la ciudad, ya sea del sur o del norte, y recordar cómo eran las cosas antes de su mandato, para darse cuenta de la gran transformación humana y física que hizo en la capital.
Pero del pasado al presente hay una distancia que se resume en un interrogante. ¿Hasta dónde llega el compromiso de Peñalosa con el uribismo y sus vicios? Y no es cuestión de simpatías políticas, sino de preocupaciones prácticas. Por ejemplo, hay que recordar que la ineptitud y la indolencia con que se condujo el Ministerio de Transporte durante los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe tienen sumido al país en un cráter. Bogotá no aguantaría más cinismo disfrazado de mesianismo y mucho menos acompañado por la consigna de que todo vale.
Por otro lado, Petro es un candidato inteligente y alejado de esa especie de demonio resentido que algunos ven en él. Muchos de sus planteamientos son llamativos y reflejan ideas audaces más que posiciones sectarias, aunque algunas de sus propuestas estén más cerca de los sueños que de la realidad.
En este caso también puede haber mucho trecho del dicho al hecho. Aunque sus asesores programáticos son idóneos, su falta de experiencia política en Bogotá eleva el riesgo de que a la hora de gobernar tuviera que trabajar con los sectores del Polo que acabaron con la ciudad. Además, Petro tiene en su haber una jugada política imperdonable: su apoyo a la elección del Procurador, ese personaje nefasto que confunde la función pública con una cruzada religiosa.
Cómo envidio a los que ya saben por quién votar…
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