Una zanahoria llamada OCDE
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Ojo a este salto: en solo una década, Colombia pasó de aparecer en los listados internacionales de Estados fallidos a ser candidata para ingresar a la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo), el club de los países que tienen las mejores políticas públicas del mundo.
¿De modo que en diez años nuestro Estado pasó de ser incapaz de atender sus responsabilidades básicas a estar entre los más idóneos del globo? Nada de eso. Colombia apenas está empezando a recorrer el camino de salida del infierno y la posibilidad de ingresar a la OCDE es una excelente zanahoria para no perder el paso.
Por supuesto muchas cosas han cambiado en los últimos diez años. Entre las más importantes están los inmensos avances que ha hecho el Estado para recuperar el monopolio de la fuerza y el control del territorio nacional, en un proceso que ha significado la reconstrucción de la confianza en el país. En el mismo periodo, la economía creció a un ritmo promedio anual superior al 4,5 por ciento, la proporción de los colombianos que viven por debajo de la línea de pobreza cayó del 50 por ciento al 34 por ciento, y la clase media aumentó del 16 por ciento al 25 por ciento de la población.
Y entonces, como preguntaba el otro día una periodista, que oscila entre la agudeza y la candidez, ¿qué nos falta para llegar al desarrollo? Muchísimas cosas, pero entre ellas sobresale el tener la capacidad de seguir creciendo por nuestros propios medios. El dinamismo colombiano de los últimos años ha sido el resultado del boom internacional de los productos básicos, el incremento de la inversión por cuenta de la mayor seguridad y un auge del consumo, alimentado por una abundante liquidez.
Pero la experiencia internacional muestra que la única manera de hacer que ese crecimiento sea sostenible en el mediano plazo es desplazando la ventaja comparativa del país, desde la abundancia de recursos naturales y la mano de obra barata, hacia una mano de obra bien educada, un vigoroso sistema de innovación, y una producción diversificada y de alto valor agregado. No hay que devanarse los sesos para concluir que esas tres cosas están muy lejos de nuestro alcance en la actualidad.
Una cosa es que uno tenga la posibilidad de entrar a un club y otra muy distinta que al final lo reciban. Ahora que Colombia ha recibido la invitación para buscar su ingreso a la OCDE se ha iniciado la etapa más exigente del camino: aquella en la que el país deberá hacer ajustes en temas tan variados como el sistema educativo, el mercado laboral y el entorno macroeconómico.
Mejorar las políticas públicas en esas y otras áreas supone una mejora sustancial para un país, donde abundan los cafres que buscan capturar rentas y robarse el presupuesto. Pocas veces ha podido ser tan rentable el esnobismo de tratar de pertenecer a un club...
Mauricio Reina
Investigador Asociado de Fedesarrollo
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