Zona de turbulencia
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La economía colombiana sigue dando buenas noticias. Al crecimiento de 5,1 por ciento del primer trimestre se ha sumado esta semana la colocación de bonos del Gobierno por 2.000 millones de dólares con muy buenas tasas. Y aunque todavía hay grandes desafíos en los campos laboral, tributario y pensional, el panorama luce favorable.
Esta situación contrasta con la incertidumbre internacional generada por los crecientes problemas de Estados Unidos y Europa, y la perspectiva de una inminente desaceleración de China.
La situación de la economía estadounidense se parece a la de un enfermo que sale de cuidados intensivos sin haberse recuperado. Tanto la política monetaria como la fiscal han agotado su margen de maniobra sin que la economía haya alcanzado una sólida recuperación.
Hace poco terminó la segunda ronda de la ‘flexibilización cuantitativa’, que buscaba reactivar la actividad económica con enormes cantidades de dólares. Por otro lado, a fines de este año deben terminar los estímulos tributarios del Gobierno de Obama, y probablemente haya un apretón fiscal adicional generado por la álgida negociación que sostienen actualmente republicanos y demócratas sobre el límite de la deuda pública.
Entre tanto, la economía sigue empantanada: el desempleo aún ronda el 9 por ciento y el crecimiento económico no supera el 2 por ciento, sin que queden muchos recursos para cambiar la situación.
En Europa las cosas no pintan mejor.
A estas alturas nadie cree que los ingentes esfuerzos que ha hecho Grecia para ajustar sus finanzas públicas resuelvan el problema de su deuda. Así mismo, Moody's redujo hace un par de días su calificación a la deuda de Portugal al nivel de ‘basura’, lo que volvió a elevar los diferenciales que debe pagar ese país a los tenedores de sus bonos. A ello se ha sumado el resurgimiento de los temores sobre la sostenibilidad fiscal de Irlanda, Bélgica y España. Todo esto confirma que la zona euro seguirá pendiendo de un hilo mientras las autoridades no convengan una reestructuración de las deudas de los países con problemas, lo que terminaría afectando negativamente a muchos bancos y perturbaría el mercado financiero internacional.
Por su parte, las autoridades chinas elevaron anteayer la tasa de interés para tratar de neutralizar una amenaza inflacionaria que no da su brazo a torcer. Este nuevo aumento de 0,25 por ciento ya es el tercero del año y demuestra que el Banco Central está dispuesto a inducir una mayor desaceleración económica para controlar la inflación, lo que sin duda se reflejará en menores precios internacionales de las materias primas que soportan el auge latinoamericano.
Todos estos elementos configuran una zona de turbulencia económica internacional que no tiene visos de resolverse en el corto plazo y que conviene recordar cada vez que alguien proponga un brindis por las buenas perspectivas económicas de Colombia.
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