Bien por esa
En el escenario internacional, las decisiones no se toman según las afinidades entre mandatarios.
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A la hora de escribir esta columna el presidente Santos debe estar reuniéndose con Obama para revisar el estado de las relaciones y para establecer el camino a seguir para la aprobación del TLC por el Congreso norteamericano. A regañadientes, Obama parece resignarse a presentar el tratado ante el Congreso, a pesar del costo político que para él puede significar frente a algunos sectores demócratas y ante los poderosos sindicatos encabezados por el Aflcio.
¿Será esto el resultado de una alineación incondicional con las posiciones de EE. UU., o la capacidad retórica y dialéctica de nuestro Presidente para convencer a las autoridades norteamericanas de que cambien la posición que venían sosteniendo?
Resulta claro que esto no es así y, en cambio, lo que refleja es las consecuencias de la nueva política colombiana en el caso de la diplomacia y las relaciones internacionales.
En el escenario internacional, las decisiones no se toman por cuenta de las afinidades personales entre los mandatarios, o por asumir actitudes obsecuentes frente a las potencias, sino por razones de Real Politik
y por el balance de poder que se pueda dar en un momento dado.
En el escenario internacional, las decisiones no se toman por cuenta de las afinidades personales entre los mandatarios, o por asumir actitudes obsecuentes frente a las potencias, sino por razones de Real Politik
y por el balance de poder que se pueda dar en un momento dado.
“Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses” fue la frase con que Theodore Roosevelt expresó, de manera muy cruda, pero sincera, la actitud de ese país frente al resto del mundo. Por eso el tema del TLC había quedado inmerso en asuntos de política doméstica norteamericana de forma casi que exclusiva, pues Colombia no era un factor de poder que les generara inquietudes.
La comprensión de Santos del escenario global, la experiencia y competencia de su equipo diplomático, encabezados por la canciller Holguín y el embajador Silva, y la visión de país del Presidente, hicieron posible dar al TLC su justa dimensión y echar a andar una política internacional proactiva, multidimensional y sin complejos de debilidad. Haber logrado en un plazo tan corto restablecer y dinamizar las relaciones con los vecinos, presidir el Consejo de Seguridad, conducir Unasur, fortalecer la relación con los que deben ser socios naturales, como es el caso de Chile y Perú, y equilibrar la relación con Brasil, son algunos de los temas que le cambiaron el peso específico a Colombia internacionalmente.
Por cuenta de esta situación hemos ganado en autonomía, se están creando importantes oportunidades y se hizo evidente para EE. UU. que Colombia era un jugador al que debería darle atención. Seguramente EE. UU. insistirá en ciertos temas que han sido bandera de los opositores al TLC para que se apruebe. Algunos de ellos son razonables y si se incorporan con calendarios de ejecución realistas no se estarían haciendo concesiones inconvenientes. Lo más importante es que se ha logrado un cambio en la relación de poder. Nuestro país tiene hoy un espacio para consolidar un liderazgo regional, y así lo ha entendido el presidente Santos.
rvillaveces@rvpconsultores.com
La comprensión de Santos del escenario global, la experiencia y competencia de su equipo diplomático, encabezados por la canciller Holguín y el embajador Silva, y la visión de país del Presidente, hicieron posible dar al TLC su justa dimensión y echar a andar una política internacional proactiva, multidimensional y sin complejos de debilidad. Haber logrado en un plazo tan corto restablecer y dinamizar las relaciones con los vecinos, presidir el Consejo de Seguridad, conducir Unasur, fortalecer la relación con los que deben ser socios naturales, como es el caso de Chile y Perú, y equilibrar la relación con Brasil, son algunos de los temas que le cambiaron el peso específico a Colombia internacionalmente.
Por cuenta de esta situación hemos ganado en autonomía, se están creando importantes oportunidades y se hizo evidente para EE. UU. que Colombia era un jugador al que debería darle atención. Seguramente EE. UU. insistirá en ciertos temas que han sido bandera de los opositores al TLC para que se apruebe. Algunos de ellos son razonables y si se incorporan con calendarios de ejecución realistas no se estarían haciendo concesiones inconvenientes. Lo más importante es que se ha logrado un cambio en la relación de poder. Nuestro país tiene hoy un espacio para consolidar un liderazgo regional, y así lo ha entendido el presidente Santos.
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