El ‘nuevo normal’ en los precios del petróleo
En el futuro habrá menos demanda y más oferta de hidrocarburos, y la disminución de los costos mantendrán los precios en una zona de ‘confort’.
Los ataques a dos super-tanqueros (el Japonés Kokuka Courageous y el Noruego Front Altair) en el Golfo de Ormuz han logrado algo totalmente inusual: no afectar el precio del petróleo, ni siquiera en un 1 por ciento.
Un incidente usual, con los Ayatolas y Trump como protagonistas principales, habría movido los precios entre 6 y 10 por ciento; aun en la fase de enfrentamientos verbales en cualquiera otra circunstancia. ¿Por qué?
La respuesta corta es que hemos entrado en lo que se llama el ‘nuevo mundo normal’ para el petróleo. Y ese nuevo normal coloca el precio internacional oscilando alrededor de 65 dólares por barril de crudo de una forma sorprendentemente estable. Las razones son las siguientes:
– Demanda pico (Peak Demand). Término que ilustra la forma en que la demanda global seguirá aumentando gradualmente, con la demanda de Asia más que contrarrestando la caída del uso del petróleo en los países del mundo industrializado, hasta algún momento alrededor de 2030.
A partir de ahí, la demanda de petróleo disminuirá debido a los vehículos eléctricos, las preocupaciones ambientales y la desaceleración de China e India. (Tengamos en cuenta que las importaciones chinas representan actualmente más del 20 por ciento del comercio internacional de petróleo, pero que caerán al 18 por ciento en 2050 después de llegar a 25 por ciento en 2030).
El mundo, por su parte, pasara de unos 100 millones de b/d (hoy) a 110 m/d para 2030 para disminuir hasta 85 m/d hacia 2050.
– La oferta está creciendo constantemente por la producción de crudos no-convencionales como el esquisto (shale y tight oil) de Estados Unidos. Tan solo esto, ha hecho aumentar la oferta en 5 millones de barriles por día (b/d) en los últimos cuatro años.
– Los acontecimientos políticos junto con la especulación ya no están afectando la volatilidad en el corto plazo.
Cuando las exportaciones de Irán se reducen mediante sanciones o suceden disrupciones en Venezuela o Libia, debido a recargos políticos internos, hay muchos otros proveedores listos para intervenir en el mercado (particularmente Estados Unidos).
– Las cuotas de OPEC se han vuelto modestas y son casi irrelevantes. Cambios bruscos en los precios del crudo por parte de OPEC ya no suelen ser posibles, salvo casos puntuales y breves que requieren de drásticos recortes por parte de Arabia Saudí. Pero las manos del país están atadas.
Un análisis reciente del Fondo Monetario Internacional muestra que incluso Arabia Saudita necesita un precio del petróleo de 80 dólares a 85 dólares para equilibrar su presupuesto. Y para aumentar el precio saudí en 10 por ciento, el país tendría que reducir las exportaciones en un 25 por ciento.
– Los costos relacionados con la exploración, la operación y el mantenimiento han disminuido, en gran parte, forzados por las mismas petroleras. Esto ha permitido una renovación de la inversión que cayó drásticamente de 2015 a 2018.
La conclusión principal es: habrá menos demanda y más oferta de petróleo y la disminución de los costos mantendrán los precios (a menos que una guerra abierta entre EE. UU. e Irán interrumpa la escena) dentro de una zona de confort denominada “ricitos de oro”* (goldilocks: ni demasiado caliente, ni demasiado fría) que oscilara entre 60 dólares y 70 dólares por barril.
Por lo tanto, las previsiones energéticas de largo plazo plantean tres tendencias principales:
1. El estancamiento de la demanda de petróleo como resultado del aumento del número de vehículos eléctricos y una fuerte moderación del crecimiento de la demanda de productos petroquímicos, debido a la creciente preocupación por la contaminación por plásticos.
2. El crecimiento de la demanda de gas natural superando tanto al petróleo como al carbón.
3. La electrificación cada vez más importante. Si hoy en día toda la energía se utiliza en el transporte (principalmente petróleo) que representa alrededor del 40 por ciento, electricidad (35 por ciento) y el calor industrial (25 por ciento); después de 2050 las proporciones serán del 25 por ciento, 50 por ciento y 25 por ciento, respectivamente.
La probabilidad de guerra con Irán es pequeña. Las exportaciones del país han caído bajo la presión de las sanciones estadounidenses y podrían caer más si Estados Unidos es capaz de convencer a China e India de presionar a Irán mediante la disminución de las importaciones.
La inflación en Irán es alta y el desempleo está creciendo. Teherán decidirá que la posibilidad de una verdadera perturbación económica es demasiado grande y buscara un acuerdo de paz, o al menos de un nuevo acuerdo que salve la cara de ambas partes.
Si los “mulás” deciden que la supervivencia de la Revolución Islámica es más importante que la lejana perspectiva de poseer armas nucleares, Trump podría reclamar victoria (y también su Premio Nobel de la Paz).
De una u otra forma, el petróleo seguirá fluyendo libremente y sin parar... Hasta detener su crecimiento, no por fuerzas violentas sino por su propia voluntad.
(*)Ricitos de oro y los tres osos. Cuento infantil.
Rodrigo Villamizar A.
Exministro de Energía y exembajador de Colombia en Japón
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