Gobernar desde el miedo

El llamado a luchas de clases, a ley y orden y a eliminar la oposición, implican gobernar desde la demagogia y no con argumentación.

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Dos dirigentes, dos regímenes distintos, pero formas de gobernar que se asemejan en un punto. Más que argumentos, propuestas, programas claros, estos líderes han decidido gobernar con y desde el miedo. Por un lado, está Vladimir Putin. Hay indicios claros de que el régimen estuvo involucrado en el envenenamiento del opositor Navalny. No es la primera vez que opositores terminan hospitalizados con veneno suministrado en circunstancias tenebrosas. En esta oportunidad, las autoridades alemanas han solicitado explicaciones del régimen ruso sin mucha esperanza de que se pueda esclarecer. Navalny representaba una real amenaza en los ojos de el “eterno” Presidente ruso, dadas sus posiciones anticorrupción, mezcladas con un particular reconocimiento popular.
Pero al temor por el apoyo al opositor se sumaron otros acontecimientos que Putin siente como amenaza. Si títere en Bielorrusia, Lukashenko, busca mantenerse en el poder a pesar de las indicaciones de unas elecciones fraudulentas. Las protestas han sido masivas y hay dudas de cuanto tiempo pueda continuar ese régimen pro-ruso y dictatorial, que ha continuado una política económica con tradición soviética, sin una economía de mercado abierta y competitiva.
A su vez, en el caso de la provincia del este ruso Khabarovsk, las protestas se han incrementado sustancialmente después del arresto del gobernador local y de la imposición de las normas desde Moscú. Así, el régimen de Putin se ve debilitado, cuestionado y moralmente aislado. Por ahora, no parece importarle mucho.
De otro lado, está Donald Trump. Frente a la violencia policial, las protestas antiraciales y el aumento de crimen, su llamado es fomentar “Ley y Orden”. El centro de su argumento es aumentar el temor generalizado. Si en las elecciones pasadas lo fue señalar al “enemigo” como los inmigrantes, ahora lo son los manifestantes a quienes llama terroristas, después de la muerte violenta de uno de ellos en Portland.
El símbolo esencial en los últimos días, fue el pueblo de Kenosha donde la policía disparó a la espalda a un afroamericano hiriéndolo de muerte. Ese lugar queda en el estado de Wisconsin, uno de los estados más importantes frente al sistema de colegio electoral que decidirá las elecciones presidenciales de noviembre. Señalando la debilidad de sus opositores demócratas, el presidente fue al sitio de los acontecimientos recalcando que las protestas y la violencia aumentarán si el no sigue imponiendo una política decidida de mano dura. Lo que no explica, es que esta violencia se ha dado y crecido durante su presidencia.
Quienes gobiernan con el miedo y desde el miedo, bien sea porque no tienen argumentos o porque basan su poder en una autocracia violenta, lo hacen porque su propio temor de perder el poder los lleva a extremos. Esos líderes deben suscitar preocupación. El llamado a luchas de clases, a ley y orden, a eliminar a toda costa la oposición, implican que se gobierna desde la demagogia y no desde la argumentación y discusión respetuosa de propuestas. La postpandemia nos debe llevar a reconocer que quienes deben liderar una nueva realidad, son quienes están abiertos a la inclusión, al respeto por la diversidad, y al análisis técnico y científico.
Rafael Herz
Analista Internacional
rsherz@hotmail.com

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