Gobierno corporativo
La responsabilidad de las cámaras está hoy, más que nunca, a prueba.
Las Cámaras de Comercio tienen una inmensa responsabilidad en el contexto empresarial colombiano, pues no solo cuentan con un generoso régimen jurídico, sino que tienen una importante influencia en sus jurisdicciones.
Los entes camerales deben reflejar los legítimos intereses de los empresarios y comerciantes, así como propender por el empresarismo, la libertad económica, la formalización, el desarrollo y la libre competencia.
El contar con un régimen legal favorable no se debe convertir en un sofisma para rehuir al control ciudadano o estatal, sino que se debe traducir en un compromiso superior que va más allá del mero formalismo, y que debe responder a las mejores prácticas corporativas.
En efecto, al ser estos entes el concierto de los empresarios, deberían ser el buen gobierno corporativo, la responsabilidad, el cumplimiento y la buena fe, las máximas que rigieran los destinos de estas corporaciones, hoy tan necesarias para la competitividad, pero a veces tan lejanas de sus propias realidades.
En el marco de la pospandemia y la reactivación económica, las cámaras de comercio deben pasar a la historia como vehículos de recuperación y dinamización, y no como camarillas locales capturadas por pequeños conflictos e intereses.
Anteriormente me aventuré a sugerir un nuevo régimen jurídico que garantice equilibrio entre los pequeños y medianos comerciantes y las grandes empresas, un régimen de vigilancia objetiva con capacidad de supervisión efectiva, así como la capacidad de fortalecer mecanismos de inspección y vigilancia descentralizados que permitan garantizar una adecuada gestión de las cámaras en todos los ámbitos, procurando el beneficio no solo de sus afiliados, sino de todos los miembros de las comunidades en las que estas impactan.
La desconfianza y reticencia frente a las cámaras le hace daño a todo el ecosistema empresarial, y por ende desincentiva la formalidad, la legalidad y el emprendimiento. Las finanzas de las cámaras deben gozar de cabal salud con miras a redistribuir en los afiliados los beneficios esperados, lo cual se debe materializar, no solo en los derechos políticos al interior de estas, sino en la efectiva aplicación de programas preventivos y proactivos, así como de otros modelos de gestión enfocados en el fortalecimiento de la capacidad exportadora, la gestión del talento humano, la diversificación y el crecimiento, cimentados en la responsabilidad social.
Sería muy provechoso lograr unas oficinas regionales o intendencias que ejercieran veeduría permanente y paga por los vigilados sobre la gestión de las cámaras, y cuyo trabajo fortalezca o coadyuve el rol del control fiscal, garantizando así una efectiva vigilancia preventiva y un verdadero compliance en estas instituciones.
La responsabilidad de las cámaras está hoy, más que nunca, a prueba. Si las juntas directivas y presidencias ejecutivas no dan muestra de un efectivo compliance y un buen gobierno corporativo, difícilmente se logrará ganar la batalla contra el desempleo, la informalidad y la crisis económica.
Por el contrario, si estos órganos se apropian de su rol en el marco del accountability y su fin social, la reactivación económica contará con mecanismos efectivos y eficientes que despoliticen y materialicen los intereses de la comunidad.
Andrés Barreto González
Superintendente de Industria y Comercio
superintendente@sic.gov.co
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