Justicia independiente

La candidata designada por Trump para llenar ese vacío, la juez Amy Coney Barrett, no pudiera ser más diferente a su predecesora.

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Algunas de las potencias del mundo, tienen unos líderes cuyo respeto por la legalidad y la justicia es, por decir lo menos, limitado. En está época se requiere más que nunca de una rama judicial fuerte, pero sobretodo independiente y basada en el respeto por la filosofía básica del derecho y sus componentes esenciales, tales como: la defensa por la propiedad privada, el respeto por los derechos y la aplicación de un código legal por la autoridad, los señalamientos frente a lo qué hace a un gobierno legítimo, así como qué derechos y libertades debe proteger.
En Rusia, liderada por un régimen que persigue y envenena a los opositores, y usa las redes sociales para divulgar mentiras en pro de sus intereses, que bien vendría una verdadera justicia fuerte. En una China, donde sus líderes ponen al partido por encima de los derechos humanos e individuales y limitan la libertad de expresión, que bien vendría poder cuestionar la legitimidad de un estado autoritario desde una rama judicial independiente.
Y en los EE. UU., el presidente en el primer debate electoral señaló que la evasión de impuestos era usual y aceptable. Tampoco respondió afirmativamente sobre la ilegalidad de los grupos violentos de extrema derecha. Además, ha cuestionado las libertades de la protesta pacífica, y ha justificado la interferencia del gobierno en transacciones económicas, como la venta de la red social TikTok. Cuan importante sería una Corte Suprema que pudiera demostrar independencia, respeto por los derechos humanos sobre los cuáles fue construida la unión americana, y señalar abusos o intromisiones ilegales del Ejecutivo.
Pero con el fallecimiento de la juez Ginsburg, una mujer feminista y defensora a ultranza de la independencia de la rama judicial, la Corte Suprema ahora quedará mas envuelta en posiciones ideológicas y en una visión conservadora del mundo. La candidata designada por Trump para llenar ese vacío, la juez Barrett, no pudiera ser más diferente a su predecesora. Y más que una garantía de independencia, significa el legado por décadas de una visión “Trumpista” de la sociedad americana.
Ginsburg era hija de inmigrantes judíos, defensora de los derechos de las minorías, de la inmigración como fuente de diversidad, y de las libertades individuales, incluyendo la no interferencia de estado e iglesia en la decisión del aborto. Barrett es una mujer católica, pero a su vez afiliada a una secta religiosa, rechaza de forma rotunda el derecho al aborto, y firme opositora tanto al sistema de salud universal (el llamado Obamacare) como a los derechos diferenciales de las minorías.
En ese contexto, no sobra recordar dos frases de la juez Ginsburg que demuestran su visión del mundo: “Lucha por las cosas que te importan, pero hazlo de una manera que lleve a otros a unirse a ti”.
Y lo que da esperanza para la equidad de género así como el respeto a los derechos de las minorías: “Fui a la escuela de leyes cuando las mujeres eran menos de 3% de los abogados; hoy son el 50. Los cambios han sido enormes. Y simplemente han ido demasiado lejos [PARA]retroceder”. Ojalá la nueva Corte Suprema de los EE. UU. no signifique retroceso.
Rafael Herz
Analista Internacional
rsherz@hotmail.com

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