Doble moral o diplomacia

El presidente 'Lula' en la próxima reunión del G-20 les va a cantar la tabla a los países ricos por

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Usted decidirá, lector, si todo este cuento de las disputas sobre normas comerciales y sobre el libre comercio está abrumado por la doble moral, o si lo considera un tema común y corriente de la diplomacia y de la política.

El Congreso de Estados Unidos aprueba un gran plan de estímulo fiscal (casi 800 mil millones de dólares), pero le cuelga una variedad de 'micos' que restringen el comercio exterior para satisfacer bases regionales de electores de ambos partidos y para asegurar el apoyo del movimiento sindical. Todavía no se conoce el impacto efectivo de las restricciones comerciales en los negocios de los principales exportadores a Estados Unidos; en todo caso, el estartazo fiscal aprobado estipula que las obras públicas y los proyectos de construcción que reciban fondos de ese origen deben usar bienes y servicios gringos. El hierro y el acero son productos cruciales en esta norma del Congreso de Estados Unidos. Colombia no tiene velas en ese entierro.

Pero Brasil sí: el tamaño de su PIB es el décimo en el mundo. Las exportaciones brasileñas llegaron a alrededor de 200 mil millones de dólares el año pasado. En la geopolítica comercial, nuestro vecino es un actor estelar. Es, por fuerza, un miembro prominente de la Organización Mundial del Comercio; la diplomacia brasileña se ha hecho oír duro en las negociaciones de la Ronda Doha de la OMC, que busca consolidar reglas multilaterales de liberación comercial. El Gobierno de Brasil está obligado a mantener una atención constante sobre lo que hacen, u omiten, los países más ricos en el campo del comercio internacional.

No sorprende que el canciller Celso Amorim de Brasil haya anunciado que su Gobierno está estudiando una demanda de la legislación recién aprobada en Washington (la célebre cláusula de "compre estadounidense") ante la propia OMC, por considerarla violatoria de los principios de la Organización. Claro que Brasil, por razones propias, no es signatario de un acuerdo internacional tutelado por la OMC que busca regular las compras públicas en el contexto de la libertad de comercio, pero Amorim dice que el problema va más allá de las normas sobre contratación estatal.

Brasil y Estados Unidos ya han intercambiado guantazos en ese escenario. El caso más significativo es el del algodón: Brasil obtuvo en la OMC una sentencia contra Estados Unidos por los subsidios que este país le otorga a los cultivadores algodoneros (unos doce mil millones de dólares al año), que perjudican a los productores brasileños. El Gobierno gringo no le ha prestado atención a la sentencia, con lo cual Brasil puede acordar retaliaciones en otros sectores o productos.

El presidente Obama -probablemente con un ojo puesto en Brasil- declaró hace unos días que "los otros", incluyendo los países con "economías emergentes" no estaban entregando mayor cosa en las discusiones de la Ronda Doha y que su país no está contento con eso. Los brasileños respondieron de inmediato que nadie debe poner más ofertas sobre la mesa, y que la agenda en discusión es suficiente. Ésta bien puede ser otra piedra en el complicado camino de las negociaciones de la Ronda. Por su parte, el presidente 'Lula' en la próxima reunión del G-20 les va a cantar la tabla a los países ricos por sus tentaciones proteccionistas en esta era de recesión. Pero la última revisión de la OMC a la política comercial brasileña les permitirá decir a todos ellos que la nación suramericana no tiene derecho a tirar la primera piedra. ¿Doble moral o diplomacia? 

cgonzalm@cgm.com.co
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