Tres reflexiones sobre el DNP
Ojalá en el futuro la capacidad técnica del DNP pueda ser irrigada a otras instituciones.
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Felicito al Departamento Nacional de Planeación y a todos sus integrantes por la celebración de sus 50 años de labores, y aprovecho la oportunidad para plantear tres reflexiones sobre la entidad.
Primera: en su informe semanal del 23 de febrero, Anif resalta el papel del DNP como espacio para la formación de una parte importante de los técnicos del país. Plantea la necesidad de irrigar esa fortaleza hacia otras entidades del Estado, llamadas 'cenicientas'. Comparto esta reflexión y quiero acompañarla de un testimonio personal.
Tuve la fortuna de trabajar en la entidad con tres directores: José Antonio Ocampo, Juan Carlos Ramírez y Cecilia López. También me beneficié del programa de becas del DNP y gracias a ello realicé una maestría fuera del país. Tiempo después tuve la oportunidad de dirigir una de esas entidades 'cenicienta' de la institucionalidad colombiana: El Dane. Allí, encontré un valioso grupo de técnicos, con sólida tradición interna, pero muy pocas opciones de formación académica en el extranjero. Convoqué un grupo de 12 personas que recién llegaban al país de sus estudios de doctorado, y así afrontamos el inicio de la gestión. Un año más tarde, la mayor parte de quienes habían ingresado conmigo había 'migrado' a otras organizaciones que ofrecían salarios substancialmente mayores. En particular el DNP, donde, en cargos de inferior rango jerárquico, recibían un salario superior.
Segunda: creo que una de las funciones principales del DNP es la de servir de 'dique de contención' ante iniciativas irresponsables de los gobernantes y otros dirigentes públicos. Tradicionalmente sus técnicos han podido frenar, sino todas, sí muchas de las ocurrencias de algunos funcionarios. Lamentablemente esa capacidad ha sido seriamente disminuida en el actual Gobierno. Los ejemplos abundan: el plan 2.500, con vías que en la mayor parte fueron 'planeadas' sin el mínimo rigor técnico; la fusión sin discusión técnica de varios ministerios; y los cambios abruptos e irresponsables en la Encuesta Continua de Hogares.
Tercera: -y no es un tema exclusivo del DNP, pero sí le afecta de forma directa-, se refiere a la distinción en el presupuesto de la inversión y el funcionamiento. Por alguna tradición del país, que no sé dónde inició, se cree que el primero es bueno y el segundo es malo. Que la inversión debe ampliarse y los gastos de funcionamiento deben reducirse. Se presume de alguna forma que para educar a un grupo de niños sólo es conveniente construir las escuelas y dotarlas con computadores, pero no pagar el salario de los docentes. Eso genera una 'histeria presupuestal', que le resta mucha efectividad al gasto público.
Ojalá en el futuro la capacidad técnica del DNP pueda ser irrigada a otras instituciones, vuelva a ser respetada por los gobernantes y se proponga debatir sobre cómo se discute y forma el presupuesto público colombiano.
ccaballero@cifrasyconceptos.com
Primera: en su informe semanal del 23 de febrero, Anif resalta el papel del DNP como espacio para la formación de una parte importante de los técnicos del país. Plantea la necesidad de irrigar esa fortaleza hacia otras entidades del Estado, llamadas 'cenicientas'. Comparto esta reflexión y quiero acompañarla de un testimonio personal.
Tuve la fortuna de trabajar en la entidad con tres directores: José Antonio Ocampo, Juan Carlos Ramírez y Cecilia López. También me beneficié del programa de becas del DNP y gracias a ello realicé una maestría fuera del país. Tiempo después tuve la oportunidad de dirigir una de esas entidades 'cenicienta' de la institucionalidad colombiana: El Dane. Allí, encontré un valioso grupo de técnicos, con sólida tradición interna, pero muy pocas opciones de formación académica en el extranjero. Convoqué un grupo de 12 personas que recién llegaban al país de sus estudios de doctorado, y así afrontamos el inicio de la gestión. Un año más tarde, la mayor parte de quienes habían ingresado conmigo había 'migrado' a otras organizaciones que ofrecían salarios substancialmente mayores. En particular el DNP, donde, en cargos de inferior rango jerárquico, recibían un salario superior.
Segunda: creo que una de las funciones principales del DNP es la de servir de 'dique de contención' ante iniciativas irresponsables de los gobernantes y otros dirigentes públicos. Tradicionalmente sus técnicos han podido frenar, sino todas, sí muchas de las ocurrencias de algunos funcionarios. Lamentablemente esa capacidad ha sido seriamente disminuida en el actual Gobierno. Los ejemplos abundan: el plan 2.500, con vías que en la mayor parte fueron 'planeadas' sin el mínimo rigor técnico; la fusión sin discusión técnica de varios ministerios; y los cambios abruptos e irresponsables en la Encuesta Continua de Hogares.
Tercera: -y no es un tema exclusivo del DNP, pero sí le afecta de forma directa-, se refiere a la distinción en el presupuesto de la inversión y el funcionamiento. Por alguna tradición del país, que no sé dónde inició, se cree que el primero es bueno y el segundo es malo. Que la inversión debe ampliarse y los gastos de funcionamiento deben reducirse. Se presume de alguna forma que para educar a un grupo de niños sólo es conveniente construir las escuelas y dotarlas con computadores, pero no pagar el salario de los docentes. Eso genera una 'histeria presupuestal', que le resta mucha efectividad al gasto público.
Ojalá en el futuro la capacidad técnica del DNP pueda ser irrigada a otras instituciones, vuelva a ser respetada por los gobernantes y se proponga debatir sobre cómo se discute y forma el presupuesto público colombiano.
ccaballero@cifrasyconceptos.com
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