Un tal abogado Collingsworth

El tráfico de ilusiones de ciertas víctimas que buscan reparación en litigios fuera de Colombia es u

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Terry Collingsworth es el nombre que oyen muchos habitantes de zonas violentas en Colombia. Se reúne con presuntas víctimas y los insta a demandar a multinacionales en tribunales de EE. UU., con la tesis de que estas últimas colaboraron activamente con paramilitares en la comisión de distintos crímenes.
Collingsworth es socio y abogado del bufete Conrad & Scherer, y aunque muestra su labor ante la opinión pública como un asunto de altruismo, la realidad es que su oficina cobra altas cuotas a sus clientes (las víctimas) en caso de lograr el pago de indemnizaciones por parte de las empresas que demanda.
En los últimos días, el abogado Collingsworth ha recibido especial atención de la prensa. Su voz se oyó en La W, y el nombre de su oficina aparece citado en los informes de la revista Semana y en la última columna de Natalia Springer, en El Tiempo, por el supuesto llamado de la justicia norteamericana al ex presidente Álvaro Uribe dentro del caso que se sigue contra la Drummond.
Lo que algunos medios desconocen es que al tal abogado Collingsworth lo precede una importante lista de mentiras. Como parte de su estrategia de litigio y la de los defensores de presuntas víctimas o plaintiffs lawyers como él, Collingsworth utiliza a los medios para ejercer presión sobre sus blancos y favorecer su negocio recurriendo a montajes.
No es la primera vez, por ejemplo, que acusa a la Drummond. Hace 8 años presentó testimonios que los jueces unánimemente calificaron como falsos. En el 2009 también lo intentó con testigos que fueron nuevamente cuestionados, y este año, en una Corte de Los Ángeles, recibió un revés en su alegación contra la bananera Dole, representando a un grupo de 'víctimas colombianas'. El dichoso abogado fabricó la declaración del paramilitar 'Carlos Tijeras', que el tribunal no dudó en calificar de mentirosa y acomodada. El juez del caso advirtió que el "supuesto testigo tenía claros incentivos para mentir".
Pero quizás uno de los montajes más viles del abogado Collingsworth tiene que ver con un caso contra Chevron/Texaco en el que los acusaba de haber contaminado una región en Ecuador causando con ello cáncer a los pobladores (sus clientes). Lo que vino a descubrirse después es que las 'víctimas' a quienes Collingsworth usó nunca habían padecido de cáncer. El tribunal del distrito norte de California que llevaba el caso sancionó a este abogado y a los otros representantes de los falsos perjudicados, por un montaje, cuyo único propósito era sacarle plata a la petrolera.
El tráfico de ilusiones de ciertas víctimas que buscan reparación en litigios fuera de Colombia es un negocio tan asqueroso como recurrente. Lo grave es que no sólo van detrás del dinero de las multinacionales, sino que, como María Isabel Rueda denunció en una columna publicada hace meses en El Tiempo, algunos colectivos de abogados recurren al "cobro de un porcentaje en dólares sobre las indemnizaciones con las que los tribunales internacionales condenan al Estado colombiano".
La verdad así está muy lejos de conocerse. Lo que ahora tenemos son manipulaciones de testigos y abogados que sólo persiguen cuantiosos honorarios, sin importar si deben mentir para conseguirlos.
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