Cuidado con los titulares
En la edición de El Tiempo del viernes 9 de noviembre, en la Sección de Opinión, el doctor Rudolf Hommes cuestiona la justificación de la existencia de los comisionistas de bolsa.
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En el desarrollo de su escrito, el doctor Hommes se centra en algunos casos recientes de rotundos fracasos en negocios bursátiles, principalmente en el caso de InterBolsa. Y no le falta razón.
Coincide lo que él dice con algunas apreciaciones que yo he hecho al respecto de los agentes del mercado bursátil local, en el sentido de que, en muchos casos, se denota una gran falta de profesionalismo en el ejercicio de la actividad de comisionista de bolsa. El simple análisis que él presenta respecto a la solidez de los repos que manejaba la mayor firma comisionista del país demuestra la debilidad en las garantías.
Durante la crisis bursátil del año 2006, escribí en estas páginas un artículo titulado ‘Profetas retroactivos’. En él, yo denunciaba a tantos comentaristas financieros que, después de alguna crisis del mercado financiero, aparecían diciendo que ellos “ya lo sabían”, que esto “era previsible” o que “la burbuja era evidente”. Y ahora vuelven a aparecer estos profetas.
La información de los repos es información pública, pero solo llega a los titulares cuando se presenta la crisis, para explicarla, y nunca antes de la crisis para evitarla.
A pesar de lo anterior, y en línea con lo que dice el doctor Hommes, pienso que el afán de lucro y la codicia de muchas personas que actúan directa o indirectamente en el mercado de valores va en contra de los intereses de sus clientes. Este claro conflicto de interés es la causa de estos estrepitosos fracasos. Por un lado, está el afán de lucro y la codicia de algunos corredores y, por otro, el afán de lucro y la codicia de algunos clientes. Como dicen, se juntan el hambre con las ganas de comer, y se genera una confianza mutua en la cual ambos se confabulan para enriquecerse.
Debo decir que en mi prolongado paso por el mercado bursátil colombiano, conocí a muchos más comisionistas que se comportaban con claro apego a la ética profesional, pero basta con unos pocos ‘vivos’ para que se dañe la imagen de todos.
En lo que no coincido con el doctor Rudolf Hommes es en el título de su columna: ‘Comisionistas de bolsa: ¿para qué?’ Y no estoy de acuerdo, porque no puede calificarse una industria de ser innecesaria solo porque algunos comisionistas e inversionistas cometen errores éticos y morales.
Lo que dice el doctor Hommes equivale a afirmar ‘supermercados: ¿para qué?’, basado en que algunos comerciantes puedan tener comportamientos inadecuados.
PAUL WEISS SALAS
ASESOR DE INVERSIONES BURSÁTILES
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