Brújula / Ahora viene lo difícil
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Las escenas de júbilo que protagonizaron ayer los rebeldes que capturaron y dieron muerte a Muamar el Gadafi en la ciudad de Sirte, pueden dar la impresión de que en Libia las cosas volverán pronto a la normalidad.
Y es que la desaparición del ex dictador de 69 años deja al Gobierno en Trípoli como el único capaz de manejar esta compleja nación de cerca de 6 millones de habitantes.
Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Para comenzar, porque ahora viene el arduo proceso de comenzar a obtener, mediante decisiones políticas, la legitimidad que los insurgentes obtuvieron a través de las armas, con el apoyo militar de la Otan.
Seguramente dicho tránsito no va a ocupar los titulares que la guerra tuvo en la prensa de Occidente.
Al fin de cuentas, las negociaciones entre tribus de diferentes orígenes y tendencias son más aburridas que los bombardeos. Pero, al mismo tiempo, resultan fundamentales para evitar que la nación mediterránea se desintegre, algo que es probable y que haría más volátil esa zona del norte de África.
Lamentablemente, todo indica que la búsqueda de la concordia no va a ser la característica determinante de la etapa que ahora arranca. Si algo ha caracterizado a quienes ahora mandan en Trípoli es su sed de venganza, que incluye ejecuciones sumarias y muertes que se cuentan por decenas de miles.
Al tiempo que eso ocurre, hay un tema subyacente que es importante para la economía mundial.
Este consiste en la posibilidad de que Siria vuelva a recuperar, en un plazo relativamente corto, su capacidad de bombeo de petróleo. Con un potencial de producción superior al millón de barriles diarios, la caída de Gadafi también abre un nuevo escenario en este frente.
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