Del café a la política
La pregunta, claro, es si el éxito en el mundo de los negocios garantiza el triunfo en las elecciones.
El trino tenía solamente 16 palabras en inglés, pero fue suficiente para sacudir el panorama político en Estados Unidos. “Amo a nuestro país y estoy considerando seriamente lanzarme a la presidencia como un independiente de centro”, escribió el domingo en Twitter, Howard Schultz, quien hasta abril del año pasado fuera el presidente de Starbucks, la conocida multinacional del café.
Considerado el principal responsable de haber convertido, a partir de 1987, la que fuera una cadena de siete cafeterías en la ciudad de Seattle, en un conglomerado de más de 24.000 tiendas en 70 países, el prestigio del ejecutivo es enorme. Tanto como su fortuna, calculada en 3.300 millones de dólares.
La pregunta, claro, es si el éxito en el mundo de los negocios garantiza el triunfo en las elecciones. El antecedente de Donald Trump lleva a pensar que esa respuesta es afirmativa, pero no está de más recordar que la lista de líderes empresariales que fracasaron tratando de llegar a la Casa Blanca es larga e incluye a personajes como Ross Perot o Steve Forbes.
Esa misma duda es válida en el caso del exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, creador de la agencia de noticias del mismo nombre, quien también evalúa si lanza o no su sombrero al ruedo para los comicios del 2020. A pesar de haber conducido los destinos de la llamada capital del mundo, llegar a Washington es otra cosa.
No obstante, dada la reacción en la izquierda y la derecha, es evidente que tanto demócratas como republicanos consideran que Schultz es una amenaza. A pesar de no contar con el respaldo organizativo que dan las colectividades tradicionales, cuenta con fondos suficientes para instalar comités estatales, si al fin decide echarse al agua.
Tal parece que la piscina va a estar atestada de gente. A pesar de que falta un año para que inicie la temporada de primarias, el número de aspirantes ya es cuantioso y va en ascenso. Eso hará más difícil la pesca de votos, la cual puede ser más compleja que vender café.
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