Perder es ganar más que un poco

Quienes se precian de saber de política en Colombia, hablaban en privado sobre el difícil camino que tenía ante sí la consulta popular anticorrupción.

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Quienes se precian de saber de política en Colombia, hablaban en privado durante los últimos días sobre el difícil camino que tenía ante sí la consulta popular anticorrupción. A fin de cuentas, con la mayoría de los partidos cruzados de brazos y el Centro Democrático en contra, se veía inconcebible movilizar los 12,1 millones de votos necesarios para que la iniciativa tuviera validez.
Aunque cruzar el umbral no fue posible, haber conseguido que 11,6 millones de personas depositaran el tarjetón durante la jornada de ayer es algo verdaderamente notable. El motivo es que nunca antes en la historia del país se había movilizado tanta gente alrededor de una sola causa. Debido a ello se puede decir que la propuesta perdió y ganó a la vez.
Y es que si el volumen logrado se compara con los comicios legislativos de marzo o los presidenciales de mayo y junio, la cantidad de personas que optó por el sí opaca la obtenido por cualquier candidato. Implícitamente se demuestra que el voto de opinión es la primera fuerza electoral, algo que deja atrás la creencia de que las maquinarias son las que mandan la parada en el territorio nacional.
Por otra parte, es claro el hastío de la población con las prácticas venales. Más allá de entrar a considerar los méritos de cada una de las preguntas planteadas en la víspera, lo que importa es que existe una enorme insatisfacción con el actual estado de cosas. Si la clase dirigente hace caso omiso del mensaje, se expone al rechazo general.
En tal sentido, es de esperar que la administración Duque no solo abogue por los proyectos que radicó en el Congreso, relacionados con la lucha contra la corrupción, sino que examine la forma de complementar ese paquete con otras iniciativas y medidas. Más allá de los cálculos que se hacen con miras a las elecciones regionales del próximo año, es obligatorio reaccionar cuanto antes.
La votación de ayer también debería ser un campanazo de alerta para congresistas y dirigentes de todas las pelambres, que buscan mantener prácticas censurables. Quien no escuche el ¡basta ya! pagará las consecuencias.
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