Razones de un bajón
¿Hay que alarmarse o no? Esa fue la pregunta que más de uno se hizo tras el reporte entregado por la balanza cambiaria del Banco de la República.
¿Hay que alarmarse o no? Esa fue la pregunta que más de uno se hizo tras el reporte entregado por la balanza cambiaria del Banco de la República, con respecto al comportamiento de la inversión extranjera en el 2018. De acuerdo con la entidad, los capitales que llegan al país y registran movimientos de divisas, ascendieron a 10.604 millones de dólares, cifra bien inferior a la de los dos años precedentes.
Si bien solo hasta que se publiquen los datos correspondientes a la balanza de pagos -que incluye transacciones que no necesariamente son en dinero contante y sonante- todavía no se puede emitir un veredicto definitivo. Aun así, la tendencia es indiscutible y sugiere que hemos perdido algo de magnetismo.
Además, hay que distinguir entre una cosa y otra. Los especialistas miran con más atención la evolución de la inversión extranjera directa, que se ubicó en 8.679 millones de dólares. Tres cuartas partes de esa suma correspondieron a los sectores de petróleo y minería, la proporción más elevada de los últimos años, atribuible al repunte de los precios de los hidrocarburos en el mercado mundial.
Por otra parte, hay un factor atípico que influyó en las estadísticas del 2017, de todo lo que no sean actividades extractivas. La multa que en su momento se les aplicó a las dos firmas más grandes en el negocio de la telefonía móvil, las obligó a traer millonarios recursos que no estaban previstos.
Debido a ello, hay que mirar los números con detalle. Quizás lo más llamativo es concluir que en medio de circunstancias internacionales complejas, los flujos directos siguieron llegando, a pesar de bajar su ritmo.
En cambio, es mucho más notorio el contraste con los recursos destinados a compras de papeles en el país que se ubicaron en 1.870 millones de dólares, casi 4.000 millones menos que en el 2017. La pérdida de atractivo de las economías emergentes debido a las mayores tasas de interés en Estados Unidos, también nos afectó. Y aunque Colombia se puede dar por bien servida, no salió indemne.
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