Con la luz encendida
El surgimiento de una figura joven que da la impresión de ser capaz de plantarle la cara al chavismo, es todo un hito.
A veces se piensa con el deseo y otras con la certeza de que las cosas van a cambiar ahora sí. Puede ser que para los millones que anhelan una solución a la enorme crisis que aqueja a Venezuela, ambas posturas estén justificadas, aparte de que incluyan una dosis de idealismo.
El motivo es que el pasado 23 de enero parece haber sido un verdadero punto de quiebre. Para comenzar, las multitudinarias manifestaciones sucedidas en Caracas y otras ciudades de las más diversas latitudes es un mensaje claro al régimen de Nicolás Maduro, en el sentido de que no cuenta con la verdadera legitimidad: la del pueblo. Todo lo demás, incluyendo las elecciones que lo llevaron a repetir mandato, es cosmético.
Por otra parte, es clave el mensaje de buena parte de la comunidad internacional, no solo al negarse a reconocer al Gobierno investido a comienzos de enero, sino a respaldar a Juan Guaidó, presidente de la asamblea legislativa y ahora con la designación de ejercer la presidencia del país de manera interina. El surgimiento de una figura joven que da la impresión de ser capaz de plantarle la cara al chavismo, es todo un hito.
Lo anterior no quiere decir que las dificultades se vayan a solucionar de la noche a la mañana. La camarilla asociada a la generación bolivariana sabe que tiene todo por perder y debido a ello hará lo que esté a su alcance para conservar el poder. Cuba, que también se suma a la lista de posibles damnificados, apoya con su aparato de inteligencia, particularmente efectivo a la hora de usar tácticas represivas de manera selectiva.
Sin embargo, es difícil pensar que por más diques que se utilicen sea posible contener la corriente del río cuando esté crecido. Si la lógica funciona y la debacle económica sigue su curso, el espacio para Maduro y sus secuaces se irá reduciendo cada vez más, hasta que pase lo inevitable.
Todo sería más rápido en caso de que los militares decidan convertirse en parte de la solución y no del problema. En el intermedio, la única opción es mantener la presión, ya sea en las calles como a través de las vías diplomáticas. Así, la luz que se prendió el miércoles, seguirá encendida.
Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto
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