El quinquenio perdido

El culpable directo del menor dinamismo es el fin del ciclo de buenos precios de los bienes primarios que esta parte del mundo exporta.

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Cuando en 1982 México anunció que no podía cumplir con los compromisos derivados de su considerable deuda externa, comenzó para América Latina un periodo de estrechez que partió en dos la historia económica reciente de la región.
Los programas de ajuste, orientados a recuperar la capacidad de un buen número de naciones para pagar sus respectivas deudas, golpearon las tasas de crecimiento de manera considerable.
El impacto acabaría siendo de tal magnitud que durante años no se consiguieron aumentos en el ingreso real por habitante. De allí se derivó el término “década perdida”, que sería reeditado en el caso de Europa, por cuenta de la crisis internacional del 2008.
Todo apunta a que el remoquete regresará a la región. Así se deriva del más reciente ejercicio de proyecciones a cargo de la Cepal, que muestra un panorama desolador.
Según el organismo, vinculado al sistema de Naciones Unidas, los países latinoamericanos apenas llegarán a una expansión de 0,5 por ciento este año, debido a la debacle de Venezuela, las contracciones de Nicaragua y Argentina y la escasa dinámica de Brasil y México.
Cuando ese pronóstico se combina con las recesiones observadas en 2015 y 2016, es fácil concluir que el acumulado del último lustro escasamente estará en terreno positivo, en promedio. De hecho lo más probable es que se ubique por debajo del 0,9 por ciento anual, que es la tasa esperada de crecimiento de la población de los países del área.
El culpable directo del menor dinamismo es el fin del ciclo de buenos precios de los bienes primarios que esta parte del mundo exporta. Sin embargo, una mirada más detallada responsabilizaría al manejo económico de lo sucedido, pues los objetivos de diversificación de las ventas externas no se han conseguido como tampoco el aumento en la inversión.
Dicha circunstancia presenta un panorama inquietante. Oscilar entre el estancamiento y el retroceso no es una buena opción para una zona que volvería a perder otro quinquenio.

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