En caja de cristal

Cualquier persona con un teléfono móvil inteligente tiene la posibilidad de contarle al mundo exterior una información, inclusive en tiempo real.

EXDIRECTOR DE PORTAFOLIOActualizado:
Lo sucedido ayer, cuando la Bolsa de Valores de Colombia reaccionó ante la filtración de un video en el cual el presidente de la junta directiva de Avianca afirmó en una reunión de empleados que la compañía “está quebrada”, debería servir de lección para muchos.
Más allá de que la acción de la aerolínea recuperara buena parte de las pérdidas iniciales durante la jornada y de los comunicados orientados a tranquilizar al público, es claro que con la tecnología, la cosa es a otro precio.
Para comenzar, como lo han comprobado en persona múltiples líderes políticos y empresariales, el concepto de espacios cerrados es distinto ahora. Por más advertencias que se hagan, las personas tienden a compartir una información que las pueda afectar y más si acceder a ella es fácil.
Cualquier persona con un teléfono móvil inteligente tiene la posibilidad de contarle al mundo exterior una información, inclusive en tiempo real. Cubrir la huella es sencillo, tanto como lo es convertir en “viral” un audio o un video específico.
Frente a los riesgos de hablar más de la cuenta, no faltan aquellos que optan por tácticas que rayan en lo policial y pasan por exigir que se dejen los celulares en la puerta o que se apaguen. El problema es que cada vez es más amplia la oferta de aparatos de valor bajo, capaces de registrar cualquier conversación. Parafraseando la expresión coloquial “creada la restricción, creada la manera de evitarla”.
Debido a ello, los conocedores del asunto aconsejan hablar con franqueza y naturalidad, pero con prudencia. La regla de oro de los tiempos modernos es la de asumir que siempre se está en un escenario público, sobretodo cuando la audiencia es numerosa y en la agenda aparecen puntos que pueden ser de interés general.
Salir a rectificar, resulta indeseable. Por un lado, desconcentra a la administración y, por el otro, ocasiona turbulencias. No queda más, entonces, que aceptar que vivimos en una especie de caja de cristal, en donde lo que alguien diga puede ser usado en su contra.

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