Otro déficit histórico
Semejantes guarismos confirman que hay realidades económicas que van más allá de lo que digan los gobiernos o de las pataletas de sus líderes.
No debió quedar muy contento Donald Trump con el reporte entregado este miércoles, según el cual el déficit comercial de Estados Unidos llegó a un máximo histórico de 891.300 millones de dólares en el 2018. Si a esa cuenta –que se refiere al intercambio de bienes– se le incluyen los servicios, el saldo en rojo baja hasta 621.000 millones de dólares, una suma considerable y más para una administración que había dicho que arreglaría el desequilibrio.
Para los economistas, el asunto es menos grave de lo que parece. La foto completa exige tener en cuenta los flujos de inversiones, las tasas de cambio relativas y la dinámica del crecimiento. Cuando se mezclan todas las variables aparece una explicación lógica.
De tal manera, la fortaleza del dólar –que hace más atractivo importar diferentes productos a territorio norteamericano– jugó un papel clave, al igual que el buen comportamiento del consumo estadounidense. Irónicamente, el recorte de impuestos promovido por la Casa Blanca aumentó el ingreso disponible de los hogares, que se tradujo en una mayor demanda de artículos foráneos.
El problema para Trump es que el propio magnate considera que un saldo comercial en contra es síntoma de debilidad. De hecho, en la campaña que lo llevó a la presidencia se comprometió a corregir la situación, culpando, de paso, a sus predecesores de no tener el coraje de hacerlo.
Y no es que no haya intentado. El alza de aranceles con la cual castigó a China y a los países fabricantes de bienes de acero y aluminio, va en esa dirección. El lío es que las estadísticas muestran un negativo al alza.
Por ejemplo, con los chinos el desfase el año pasado ascendió a 419.000 millones de dólares, mientras que en el caso de los europeos se ubicó en 169.000 millones. Por su parte, con México llegó a 82.000 millones y con Canadá a 20.000 millones. Semejantes guarismos confirman que hay realidades económicas que van más allá de lo que digan los gobiernos o de las pataletas de sus líderes.
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@ravilapinto
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