Hacia la independencia petrolera

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Conseguir la independencia energética y, en particular, lograr reducir los niveles de importación de petróleo, ha sido desde los años setenta uno de los grandes objetivos de Estados Unidos. El coloso del norte, el mayor importador de crudo en el mundo ha venido dando pasos firmes en su estrategia por alcanzar la autosuficiencia en materia energética; de hecho, ha dejado de comprar alrededor de 20 por ciento de crudo en el exterior desde el 2005 –año en el que importaba 65 por ciento– a adquirir, en el 2012, solo 45 por ciento del mismo en otros países.
Los avances en dicha gestión parecen confirmarse aún más con las proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) de Estados Unidos, quien afirma que para el 2017 el país sería el primer productor de petróleo en el mundo, y hacia el 2035, lograría su autoabastecimiento.
Los argumentos que soportan tal perspectiva son fundamentalmente la disminución en el consumo interno –el cual pasó de 20,2 millones de barriles de petróleo por día (mbpd) en el 2008 a 18,6 (mbpd) en el 2012, y el aumento en la producción de petróleo, principalmente de aquel que es extraído por medio de presión hidráulica (petróleo de esquisto).
Si bien esta es una buena noticia para los norteamericanos, son varias las implicaciones que se derivan de que Estados Unidos se convierta en autosuficiente gracias al petróleo de esquisto.
Por un lado, saltan a la vista las consecuencias en la estructura energética del mundo, pues además del futuro posicionamiento de Estados Unidos como número uno en el mercado petrolero, el continente americano se vería afectado de manera importante, dado que son Canadá, México y Venezuela tres de los cuatro mayores socios comerciales de crudo de EE. UU., y son estos países los que ya han empezado a sentir los efectos de la reducción de sus importaciones. Así, mientras Venezuela registró una caída del 18,9 por ciento en el 2012 frente a lo exportado en el 2006 al país del norte, México reportó un descenso del 35,1 por ciento en las ventas diarias de crudo en el 2012.
En ese sentido, la clave para contrarrestar el impacto económico de este nuevo panorama petrolero estará en lograr una mayor diversificación de las exportaciones. China e India parecen ser los mercados elegidos para reemplazar las transacciones norteamericanas por su crecimiento sostenido; sin embargo, la incursión de nuevos mercados será el soporte de los planes de expansión en la producción de crudo de los países exportadores.
De otra parte, son preocupantes las posibles repercusiones ambientales que trae consigo el método de extracción del petróleo de esquisto (fracking). Además de la necesidad de inyectar grandes cantidades de agua a alta presión para liberar el crudo de las rocas, la probable contaminación de las aguas subterráneas, el aumento en el riesgo de sismos, y el incremento en la contaminación atmosférica y acústica son algunos de los problemas que genera el fracking al ecosistema.
Ricardo Rojas Parra
Economista - Profesor universitario
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