De Bogotá a Cartagena en carro

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Por tercera vez en los últimos años, hice la ruta Bogotá-Cartagena en carro. Soy un optimista consciente y por eso voy a decirlo de una manera positiva: en materia de carreteras, está todo por hacer en Colombia. Hablamos aquí del principal trayecto, por donde se mueven muchos de nuestros productos de exportación hacia los puertos del Caribe, y de donde llegan los bienes importados y materias primas hacia el interior del país.
El invierno ha hecho estragos grandes, en este caso en el tramo de montaña Bogotá-Honda, pero el atraso vial suma décadas y no tiene nada que ver con lluvias o derrumbes.
En varias partes de la vía del medio y bajo Magdalena, algunos puentes tienen paso restringido por la sencilla razón de que se quedaron pequeños para el tamaño de camiones y buses, que hoy son más grandes y ocupan ambos carriles de los estrechos puentes.
Es una carretera angosta, en muchos tramos mal señalizada (sobre todo en el Departamento del Magdalena) y en otras llena de huecos y desniveles.
Lo primero que pensé es que los exportadores e importadores colombianos son unos héroes. No sé cómo pueden hacer competitivos sus productos teniendo que moverlos por esta vía.
Lo segundo es una reflexión más de fondo: si el estado de las vías en casi todo el país es este –pobre, deficiente y precario– quiere decir que no ha sido una prioridad de los gobiernos ni de las políticas públicas. Hoy es un tema de debate nacional gracias, entre otros factores, a la presencia de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), el gremio de los constructores. Pero hacen falta otros interlocutores: los usuarios de las vías, exportadores, importadores, transportadores, la propia comunidad que vive a lo largo de estas carreteras y, en ocasiones, dependen de ellas en muchos sentidos.
El ejemplo para mí es claro: no hay ningún político que quiera ser presidente de la República y para lograr este objetivo busque ser Ministro de Transporte. Al contrario: quien acepta esta cartera es considerado una especie de loco (buen desafío para Enrique Peñalosa). Los presidenciables quieren ser ministros de Defensa, Interior, Relaciones Exteriores o Hacienda.
De esos cargos salen nuestros mandatarios. ¿Qué muestra esto? Que no es una preocupación central de los gobiernos. Lo mismo que ocurre con otros ministerios sociales, que son la cenicienta del presupuesto nacional.
Pero más allá de estas preocupaciones públicas, el viaje en carretera es fascinante. Colombia es un país diverso, pujante, alegre, con personalidad, lleno de música en todos los caseríos y pueblos por donde pasa la carretera. La costumbre de los años viejos está viva y a la gente les gusta exhibirlos.
No hay un mercado interno homogéneo, como sucede en Estados Unidos. En cada departamento los restaurantes, droguerías y almacenes son distintos.
El turismo interno está en pañales.
No hay hoteles en la vía. La oferta de ecoturismo, caminatas, camping, paisaje, naturaleza es mínima a pesar de que lo tenemos todo. Faltan empresarios visionarios que se le midan a esto.
Feliz 2012, y que salgan a las carreteras a disfrutar el país. Mucha paciencia.
Ricardo Santamaría
ricardo.santamaria@fticonsulting.com
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