Cambio para Bogotá
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Voté por Enrique Peñalosa en Bogotá, porque creo que habría sido el mejor alcalde. Pero me siento convocado por el discurso de la victoria de Gustavo Petro.
Me gustó. Lo veo, sin embargo, muy centrado en los temas nacionales y eso no es bueno para una ciudad, que más que un político, necesita un gerente. Petro debe dejar de pensar en la Presidencia de la República, porque así no puede hacer una buena alcaldía.
Me gustó en primer lugar lo del mandato de cambio. Es así. Cambio respecto de la actual administración del Polo Democrático que entrega una ciudad en crisis y sin rumbo.
Segundo, me gusta el mensaje de reconciliación del triunfo de Petro. Como hijo legítimo del proceso de paz de 1989, el que selló la incorporación del M-19 a la vida democrática, el nuevo Alcalde de Bogotá es la representación palpable de que la paz sí es posible. Es un poderoso mensaje de reconciliación de los ciudadanos: no más polarización, no más odio. Respeto y tolerancia es lo que se impone.
Es un mensaje doble: por un lado, para los guerrilleros de las Farc y del Eln que siguen aferrados a sus fusiles. No más violencia, no más secuestros. Quienes se comprometen con la democracia, como Petro, tienen espacio. Lo que no hizo Alfonso Cano.
Pero también es un mensaje para políticos y ex presidentes de la República, diciéndoles: la reconciliación y la paz sí son posibles. Y este mensaje no es de Petro, sino de quienes votaron por él.
Tercero, me gustó su espíritu de cooperación con el Gobierno Nacional. Con el tema del metro de la ciudad y otros asuntos de primer orden, como la Vivienda de Interés Social, Presidente y Alcalde deben trabajar de la mano.
Quinto, me gustó lo de la política del amor, que Petro la presenta como contraria al odio, a la exclusión, a la de seguir invitando a la guerra. Un país como Colombia requiere una enorme dosis de perdón.
Hay algo que me llama la atención de la elección. A pesar de que la mayoría de los candidatos eran jóvenes brillantes, mostraron una dosis grande de personalismo, que no es propio de la nueva política. Eso de ir hasta el final a cualquier costo (yo, primero yo), en vez de buscar alianzas que era fácil hacerlas, es un error. ¿O es que no hay grandes coincidencias entre Peñalosa, Parody, Galán y Luna? Para luego, derrotados, salir a cantar victorias que pocos entienden.
El resultado: el Alcalde salió elegido con apenas la tercera parte de quienes votaron que, a su vez, son la mitad de los que pueden votar.
Petro ganó legítimamente, pero fue gracias a la dispersión de votos de los independientes y el centro.
Recogió los votantes del Polo Democrático, pero no es, como dijo alguien, que Bogotá es de izquierda. No.
El 70 por ciento de los votantes no lo son, lo que ocurre es que se dividieron entre cuatro candidatos.
La ciudad inicia una nueva era. Suerte al nuevo alcalde. Demandamos de él compromiso con los temas de Bogotá. Y que aprenda rápido. Con el tema del Pico y Placa, que lo quiere desmontar, ya muestra inexperiencia.
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