Construir unas nuevas CAR
Las CAR se convir- tieron en fortines políticos para el reparto de puestos de gobernadores y congres
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El presidente Santos tiene razón: el funcionamiento de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) hizo crisis. Modificarlas hoy y liquidarlas más adelante es el camino correcto. El paso definitivo: será crear unos nuevos entes territoriales a partir, no de los departamentos como ocurre hoy, sino de las cuencas hidrográficas. Es una reformar histórica que el país necesita. Es una prioridad nacional pensando en temas de primer orden, como el cambio climático.
El deficiente manejo ambiental del país, sobre todo desde el punto de vista de la prevención, quedó al descubierto en medio de la emergencia nacional que hoy vivimos por el invierno y el desbordamiento de los ríos. Las CAR se convirtieron en fortines políticos para el reparto de puestos de gobernadores y congresistas, y su falta de visión estratégica es hoy evidentes.
Otra medida interesante que se puede adelantar es que las nuevas CAR dependan del Departamento Nacional de Planeación, (DNP). ¿Por qué? Porque de todas las entidades nacionales es la que mayor capacidad técnica e independencia política tiene. Y esto es lo fundamental que necesitan las nuevas Corporaciones: liberarlas de la politiquería. Que puedan contratar a sus cuerpos directivos, no por recomendación de los políticos de turno, sino por su hoja de vida, sus estudios, su trayectoria y experiencia de servicio en temas de desarrollo y medio ambiente. Como debe ser.
En el largo plazo el objetivo es impulsar el desarrollo teniendo en cuenta el cuidado y la preservación del medio ambiente. Y aquí el tema de estar mejor preparados para la próxima ola invernal es clave, pero también hay otros, como, por ejemplo, el de minería y desarrollo sostenible.
Colombia despegó ya, y con fuerza, en el área de petróleo y gas. Año tras año la producción crece y en poco tiempo seremos una potencia regional con más de un millón de barriles diarios de producción de crudo. Es una industria nacional que genera inversión, empleo y regalías, y que ha crecido en los últimos años dentro de un modelo de respeto a las comunidades y el medio ambiente. Este esquema, regido por buenas políticas públicas, sigue en construcción, pero está bien encaminado, u ahí son fundamentales los planes de responsabilidad social de las empresas y la aplicación de los más altos estándares mundiales de cuidado ambiental.
La minería apenas empieza este proceso y el camino que debe seguir es similar: encontrar el justo medio, para bien de Colombia, entre explotación del recurso y preservación y respeto de la naturaleza, bosques y fuentes de agua, dentro de los más avanzados y exigentes estándares internacionales.
Este objetivo se logra más fácilmente si el “jefe” de las nuevas Corporaciones Autónomas Regionales es el DNP, o una entidad mixta de carácter nacional, liderada por el mismo DNP, donde también participen otros ministerios, como los de Medio Ambiente y Minas y Energía, al lado de Universidades y entes de estudio de reconocida trayectoria. En fin, una entidad rectora que vele por el buen funcionamiento estas Corporaciones, con un enfoque técnico, de país, y lo más alejada posible de la politiquería.
De esta manera, como lo dijo el presidente Santos, la terrible calamidad invernal por la cual atravesamos se podría convertir -en serio- en una oportunidad para salir adelante con un país y unas instituciones públicas mejores de las que teníamos antes.
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