Enfrentar la corrupción

La lucha contra la corrupción debe convertirse en un asunto de superviven- cia nacional y ojalá, un

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La corrupción a todo nivel corroe y desangra al Estado colombiano. Además, incuba la violencia, motiva la apatía política e impide el buen gobierno. Ciudadanos de todas las edades y condiciones ven por los medios de comunicación cómo se otorgan millonarios contratos de obras públicas, intermediados por familiares y amigos de los gobernantes; cómo algunos congresistas venden su voto a cambio de notarías y puestos diplomáticos; cómo se distribuyen a dedo y sin adecuados controles, dineros de regalías petroleras y mineras; cómo abogados inescrupulosos demandan al Estado y ganan pleitos absurdos y millonarios sin que nadie pueda detenerlos; cómo algunos congresistas sólo se preocupan por hacer leyes que aumenten su pensión...
No cabrían, en todos los periódicos de un día, ejemplos de corrupción a nivel de los gobiernos nacional, departamental y municipal. Es el peor mal de la administración pública colombiana. Llegó el momento de emprender acciones efectivas. Como se hizo en su momento con el narcotráfico, del que todos hablaban por décadas, pero crecía año tras año. Hasta que mataron a Galán, Lara, Cano y decenas de miles de colombianos. Hasta que Escobar quiso llegar al Palacio de Nariño. El Gobierno y la sociedad reaccionaron y doblegaron al monstro. No lo acabamos, pero lo derrotamos en sus pretensiones de apoderarse del poder político y seguir en la impunidad. Hoy tenemos una Policía y un Ejército fortalecidos. Una Fiscalía y una Corte Suprema de Justicia actuantes. Jueces honestos y decididos. Un Gobierno Central comprometido a confrontarlo. Unos medios de comunicación que investigan y denuncian. Y, sobre todo, una sociedad dispuesta a no vivir en medio del crimen y la vergüenza.
Pues bien, con la corrupción hay que hacer lo mismo. Declararlo como el primer enemigo del buen gobierno y enfrentarlo en consecuencia. Empezar por invertir la carga de la prueba como se hizo con el narcotráfico, en el caso de testaferros y aliados: usted es sospechoso, demuestre lo contrario. Y no como sucede ahora, que a punta de tutelas y manejos oscuros, los corruptos están libres.
¿Propuestas? Hay muchas, y buenas, sólo se requiere voluntad política para aplicarlas. Por ejemplo: de ministro o director de entidad pública para bajo -congresistas, diputados, concejales, alcaldes, gobernadores, todos los funcionarios oficiales con poder de decisión- deben hacer pública, y quizás entregar a una entidad su declaración de renta cada año. Y la de todos los miembros de su familia. Que cualquier aumento que se detecte, puede ser señalado como sospechoso, y que el afectado demuestre de dónde viene ese incremento patrimonial. No que la justicia investigue -que no tiene cómo hacerlo-, sino que el implicado demuestre el origen lícito de cada peso en su declaración de renta. Esta medida sirvió para el caso del narcotráfico, y gracias a ella, las cárceles están llenas de sus aliados.
La lucha contra la corrupción debe convertirse en un asunto de supervivencia nacional y ojalá, un tema central dentro de la convocatoria del Gobierno de unidad nacional del presidente Santos. Los colombianos estamos a la espera de las propuestas concretas que sobre este aspecto haga el Partido Verde de Mockus, que tiene esta bandera como eje central. Llegó la hora de la verdad. No habrá unidad nacional ni ola verde sin acciones concretas para doblegar la corrupción.
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