¿Tiene futuro la ola verde?

Hasta ahora, los verdes han sido más una esperanza de cambio que un proyecto político organizado.

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Por supuesto que la ola verde tiene futuro. Sin embargo, la frase pronunciada por Sergio Fajardo "si no nos unimos, no estamos a la altura del reto", señala ciertamente un derrotero que tienen como partida, pero deja abierto un interrogante sobre lo que están haciendo y las prioridades que tienen. Veamos.
Hasta ahora, los verdes han sido más una esperanza de cambio que un proyecto político organizado. Lo que sucedió en la reciente campaña presidencial dejó dos cosas claras. Primera, lograron representar los anhelos democráticos de millones de colombianos que, luego de ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, querían un cambio de liderazgo en la conducción del país. Y segundo, que no tenían un programa de gobierno concreto y definido.
Por ejemplo, en el tema de la corrupción ha sido el gobierno Santos y no la bancada verde en el Congreso, el que ha liderado la discusión sobre las medidas y reformas que requiere Colombia para enfrentar este agobiante problema. A pesar de ser este -la lucha contra el clientelismo y la corrupción política- uno de los pilares fundamentales del ideario verde, los colombianos no conocemos hoy cuáles son las ideas específicas que tienen para enfrentarlo, y así sucede con otros temas de la agenda nacional.
El vocero de la bancada parlamentaria del nuevo partido dijo que la reforma política presentada por el Gobierno era tímida. De acuerdo. Pero no presentó la propuesta alternativa de los verdes para ser discutida en el Congreso.
Acá lo grave es que en la discusión en la que han estado los jefes del partido en las últimas semanas, por lo menos lo que han informado los medios de comunicación, se refiere a temas de mecánica política: la dirección del partido, la presencia o no de Fajardo en la cúpula nacional, la definición del candidato para la Alcaldía de Bogotá. Temas importantes, sin duda, pero asuntos de mecánica, no de programa.
Hoy, no sabemos cuál es el ideario del Partido Verde colombiano, cuáles son sus diez o veinte prioridades de reformas para presentar al Congreso, qué piensan de la agenda internacional de Colombia, cuál es su posición frente al narcotráfico (¿legalización?) o un posible diálogo de paz con las Farc y no sabemos qué piensan del TLC con Estados Unidos.
Lo único que han transmitido en los últimos días a la opinión pública es que Lucho Garzón es su presidente; que no quieren que Fajardo se vaya, y que no está claro si respaldarán a Peñalosa como candidato a la Alcaldía de Bogotá.
Por esa vía, el Partido Verde puede perder simpatizantes, pues no basta con que se unan sus dirigentes. Eso apenas es la consecuencia de algo anterior que no ha sucedido: mostrar claramente qué representan en el escenario político nacional y cuál es su programa e ideario de gobierno.
Santos logró posicionar una idea poderosa: Seguridad Democrática más Unidad Nacional. Continuidad y cambio a la vez. Lo mejor del gobierno de Uribe, sin lo que muchos consideran lo malo del mismo. Una apuesta segura para las mayorías nacionales. Los verdes, por su parte, no han logrado transmitir lo que son y lo que quieren: cambio, por supuesto, pero, ¿hacia dónde?
Mientras no definan este norte -la visión concreta de país que tienen y sueñan- sus esfuerzos de unidad serán en vano, porque los que llegarán serán pocos. Más que unirse, el reto de los verdes es convocar, y para hacerlo necesitan transmitir claramente qué es lo que quieren para Colombia. Porque, digan lo que digan, al mundo y a la política los siguen moviendo las ideas.
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