El liderazgo de Juan Manuel
Estamos ante un mandatario inteligente, pragmático y que estaba preparado para gobernar. Si sobra al
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Cien días de gobierno de Santos y todo bien. Derrumbó el mito -y de qué manera- (89% de popularidad), que Álvaro Uribe era irreemplazable. No solamente el país no se acabó como algunos pronosticaban, sino que estamos mejor que hace unos meses.
Solucionar los conflictos con nuestros vecinos, Venezuela y Ecuador, usando el diálogo y la diplomacia, no resultó sólo bueno y necesario para los negocios y la marcha general del país, sino que nos ha potenciado como país líder en la región. Hoy, en Latinoamérica somos referente y ejemplo a seguir.
Con las altas Cortes de Justicia, el clima no puede ser mejor. Ejecutivo y Poder Judicial, como manda la Constitución, trabajan mancomunadamente por sacar una reforma que haga más eficiente el trabajo de jueces y magistrados. Y lo están haciendo, cada cual desde su esquina, dentro de un ambiente de respeto y cooperación que se había perdido.
Hay también un clima distinto, igualmente de respeto, hacia los partidos de oposición: el Polo Democráticos y los Verdes. Reconociendo las diferencias, existe un diálogo civilizado y constructivo en beneficio de Colombia.
En 100 días, Santos logró lo que parecía imposible hace unos meses: que pocos extrañaran a Uribe. Y algo simple, pero poderoso: que las cosas andan mejor a las buenas que a las malas.
El liderazgo del presidente Santos es más estratégico que táctico. Se concentra en los temas del país y deja que los ministros hagan su trabajo en los asuntos sectoriales. El cambio de los Consejos Comunitarios de Uribe a los Acuerdos de la Prosperidad de Santos refleja bien esto. En los primeros, el anterior mandatario ejercía de ministro, viceministro, director de entidad pública y, en vivo y en directo, daba órdenes y tomaba decisiones. Incluso le pedía cuentas a los ministros.
Ejercía de gobierno y oposición a la vez. En los segundos, Santos fija objetivos generales de política, sector por sector, y deja que los ministros hagan sus funciones.
Mi interpretación de la altísima cifra de popularidad del Presidente es que la gente siente que el país se distensionó. Hay el reconocimiento y la constatación de que el Gobierno puede seguir siendo efectivo en la política de seguridad -muerte en combate del 'Mono Jojoy'- dentro de un clima de reconocimiento, respeto y cooperación con los demás actores y poderes de la sociedad.
Desde luego, con una política exterior que refleje esos mismo valores. De nuevo, todo dentro del espíritu de la Constitución.
¿Qué viene hacia adelante? Un reto enorme para el Presidente que picó en punta y debe mantenerse a la iniciativa. El impulso extra que hoy tiene lo ha logrado no por ser uribista, que fue su principal activo como candidato, sino por recoger, como propios, temas claves de la oposición como las leyes de tierras y víctimas, o hablar de la posibilidad de un diálogo con las Farc, sin abandonar la seguridad. La Unidad Nacional es su principal activo como Presidente.
Estamos ante un mandatario inteligente, pragmático y que estaba preparado para gobernar. Si sobra alguna palabra del vocabulario santista es la de improvisación. Y aquí el reto es para la oposición que, hasta ahora, luce dispersa y sin norte. El Polo, en medio del escándalo de Bogotá, y con el mismo discurso antiuribista en el Congreso, que ya poco sentido tiene. Y el Partido Verde, sin propuestas ni discurso que convoque.
El 2011 pinta bien. Buen clima de negocios y de inversión, y expectativa por las reformas en curso: regalías, justicia, salud. Y campaña política, con Uribe en la plaza pública. Ojalá veamos al ex mandatario dentro del espíritu de Unidad Nacional.
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