Verdes, a la deriva

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Lo que está pasando al interior del Partido Verde es una pena. Mockus se fue y dejó una estela de dudas y preguntas sin responder.
Al parecer quiere ser candidato en Bogotá y se ocultó detrás del cuento de que no acepta el apoyo de Álvaro Uribe a la candidatura de Enrique Peñalosa.
Si esta aversión a Uribe y todo lo que él representa fuera cierta, lo cual sería muy respetable, por supuesto, por qué entonces durante su campaña presidencial aceptó ir a Palacio a conversar con él, y salir luego a decir que sus huevitos –Confianza Inversionista, Seguridad Democrática y Cohesión Social– estarían a salvo con él como Presidente. ¿Por qué es válido un acercamiento democrático y civilizado con Uribe si es con Mockus, pero no lo es si él protagonista es Peñalosa?
Mockus no muestra la coherencia que él reclama a sus ex compañeros. Su norte, de acuerdo con los mensajes que está dando, es que quiere ser candidato a la Alcaldía de Bogotá a cualquier precio.
Esto, desde luego, también sería respetable, si no existieran reglas de juego previamente acordadas.
Y algo más: muestra falta de generosidad con quienes respaldaron su aspiración presidencial.
Y a propósito de Álvaro Uribe. Lo que Peñalosa debe saber es que es el peor aliado posible. La razón es simple: él no decidirá a quién apoyará en Bogotá sino hasta el último minuto, igual a como se comportó con el tema de la reelección. Que sí, que no, que tal vez, que no sé…
Uribe va a mantener todas sus opciones abiertas hasta última hora. Quizá apoye a Peñalosa, pero quizá le dé su respaldo al candidato del Partido Conservador, o al de Cambio Radical o a Pacho Santos, si al final decide lanzarse. Es un jugador que va detrás del poder. No hay amigos, sino intereses.
Y este análisis era fácil de hacer con Mockus ahí sentado; otra muestra de que al interior de los verdes más que partido, hay aspiraciones personales. También por eso se fue del partido el ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, que ya armó alianza política por otro lado. Entendible.
Pero la crisis de los verdes no es sólo de sus dirigentes.
La semana pasada, en una salida en falso, jóvenes activistas verdes de Cali mandaron correos electrónicos a diestra y siniestra condenando y señalando a Peñalosa de traidor, dizque porque se reunió en esa ciudad con dirigentes del partido de ‘la U’. ¿Qué tal?: la inquisición política.
Ahora resulta que los verdes sólo pueden hablar entre verdes y hay una policía política dentro del partido.
De nuevo: si Peñalosa quiere salir adelante en su campaña debe sacudirse de todo esto que no es política, sino mecánica, y centrarse en el terreno de las propuestas, las ideas y el contacto directo con los ciudadanos.
De otra forma, la ola verde puede ahogarlo. Y otra cosa: no creo que el respaldo de Uribe le sume votos.
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