A votar el 30

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El domingo 30 de octubre hay elecciones regionales en todo el país. Votaré en Bogotá por Enrique Peñalosa. Tiene la experiencia, el talante y las ganas para sacar a la ciudad adelante y reencauzar su desarrollo.
No es momento para improvisar un alcalde.
Tampoco para experimentar.
Es hora de volver por la senda del buen gobierno, la honestidad y la visión de futuro.
Los candidatos jóvenes son excelentes: Parodi, Galán y Luna. Comprometidos, serios y trabajadores. Un arsenal de buenos dirigentes. Pienso que Galán y Luna desperdiciaron la oportunidad de hacer una alianza y seguir como un candidato viable.
Nada está escrito aún. Con una cifra superior al 20 por ciento de indecisos –ciudadanos que definen su voto el día de la lección– cualquiera puede ganar entre Enrique Peñalosa y Gustavo Petro. Gina Parodi, tercera en disputa, hizo una buena campaña: independiente, creativa y valiente, pero contra ella y los demás, juega el implacable voto útil.
¿Por qué Peñalosa? Porque ya fue el artífice de la transformación de Bogotá y lo hizo bien: movilidad, espacio público, colegios, bibliotecas y Vivienda de Interés Social. Su legado de progreso es grande.
Es el alcalde que puede sacar a la ciudad en la crisis que hoy se encuentra y recuperar la confianza.
En lo personal, respeto a Petro. Su presencia en la vida pública es la demostración de que la reconciliación es posible. Fue un buen senador, así muchas veces no comparta sus puntos de vista.
Pero no creo que tenga un compromiso profundo con la ciudad. Pienso que ve la Alcaldía de Bogotá como un paso para una candidatura presidencial. Tampoco conocemos sus habilidades administrativas y gerenciales.
Bogotá siempre ha sido vista como una meta volante para llegar a la Casa de Nariño y esto hace que sus alcaldes no lleven la ciudad en el corazón. No es el caso de Peñalosa, que vive y sufre la ciudad y quizá sea el objetivo último de su carrera pública: ser, de nuevo, alcalde mayor.
David Luna comparte esta característica con Peñalosa: su amor por Bogotá se les nota. Y para ser buen alcalde, además de excelente administrador y planificador, se necesita querer a la ciudad.
Sentirla en el corazón, alegrarse por sus triunfos y sufrir por sus carencias. Sin duda, es el caso de Peñalosa, un gobernante visionario y efectivo.
No creo que Peñalosa sea mal candidato. Es percibido quizá como distante y llevado de su parecer. De lo que sí estoy seguro es de que, como con ningún otro candidato, ha sido blanco desde hace años de calumnias y mentiras que han minado su imagen.
Con cualquier taxista que uno conversa, cuenta estas historias, seguramente difundidas por algunos de sus adversarios.
Quizás el apoyo de Álvaro Uribe a su candidatura sumó por un lado, pero restó por otro. Ello, considerando que Peñalosa tiene bien ganada su fama de no tener padrinos políticos.
En fin, el domingo 30, todos a votar a consciencia por su candidato. Es un deber que hay que cumplir.
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