Destrucción de ciudadanía
Es incomprensible que una administración que podría lograr que los bogotanos se apropien de su desarrollo, terminen sintiéndose atropellados.
Construir ciudadanía es tanto o más importante que construir obras materiales y en Bogotá, esto resulta inaplazable. El populismo, la corrupción y la mediocridad que caracterizaron a las administraciones de la capital por varios años crearon una situación en la que se perdió el sentido de pertenencia y los avances que se habían logrado en cultura ciudadana que auguraban buenos tiempos para la capital. El desorden volvió y el despilfarro de recursos ha sido monumental, corrupción desbordada en la administración Moreno e incompetencia y equivocaciones administrativos en la de Petro como fue evidente en el tema de las basuras.
Por eso eran muchas las esperanzas de transformación con Peñalosa quien, sin duda, es un gran conocedor de la problemática urbana y ha demostrado capacidad de ejecución. Es lamentable, sin embargo, que ese potencial solo se desarrolle parcialmente por cuenta de la arrogancia que lo ha caracterizado y por la limitación que tiene para oír a los ciudadanos. Al parecer, según los informes que presenta ocasionalmente la alcaldía, son muchas las obras físicas en desarrollo y, sin duda, el presupuesto de inversión de la ciudad es descomunal. Eso son buenas noticias y esperamos que la ejecución se lleve a cabo con efectividad y transparencia temas en los cuales no tenemos motivos para dudar que así será.
Lo que resulta incomprensible es por que una administración que podría lograr que los bogotanos se apropien de su desarrollo y se sientan parte del proceso termine sintiéndose atropellada por cuenta de esa actitud arrogante que ha logrado, además, transmitir a sus funcionarios quienes se limitan a llevar a cabo acciones de chequeo de procedimientos para poder justificar que están cumpliendo con lo establecido en las normas pero que poco les importa lo que digan los vecinos afectados algo especialmente notorio cuando se trata de la conservación ambiental. El alcalde tiene su propia concepción de lo que es bueno y lo que no lo es en este frente y los funcionarios solo siguen instrucciones.
Esto ya se vio con la reserva Van der Hammen, con los arboles del Virrey y con otros muchos casos como es ahora el del Parque de El Japón. Con la obsesión por llenar a la ciudad de canchas sintéticas presentaron desde el primer día un proyecto que busca repetir en este caso el modelo que quieren multiplicar por todos lados. Independientemente del proyecto en sí lo que resulta lamentable es el maltrato y el desprecio por las opiniones de los vecinos (incluyendo tuits del alcalde) que llegó al extremo con el envío de un escuadrón del Esmad para talar los arboles (y soy testigo presencial) después de hacer reuniones con los que pretenden justificar las consultas pero que en la práctica no fueron mas que el cumplimiento de un requisito que no tuvo para nada en cuenta las múltiples expresiones de los vecinos y que solo les sirvieran para maquillar el proceso e insistir en lo planteado desde el primer día.
¿Sentirse atropellados por la administración distrital será la forma de construir ciudadanía, o no es mas bien una forma de destruirla?
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