Un mal chiste

Está quedando claro que la salida de Nicolás Maduro tendrá que ser negociada y la transición tiene que ser incluyente.

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Muchos pensamos que la noticia de que el gobierno pedía la extradición de Aída Merlano a Juan Guaidó era fake news o uno de esos tantos chistes que circulan por las redes.
Es claro que el gobierno colombiano no reconoce a Maduro como presidente de Venezuela, pero eso no lo puede llevar a pensar que no existe el actual régimen, que está reconocido por otros países y que incluso Nicolás Maduro está más “atornillado” de lo que estaba cuando empezó la telenovela de Guaidó.
Sin duda este es un símbolo y darle relevancia y reconocimiento en alguna medida podría ayudar a que las cosas cambien, pero esto no puede llevar a desconocer la realidad.
Y una de esas realidades es qué hay millones de colombianos viviendo en Venezuela y millones de venezolanos viviendo en Colombia y la cotidianidad de esas personas, sus problemas y necesidades no pueden depender del deseo del gobierno colombiano de que exista una institucionalidad diferente. Todas las personas, así como situaciones del estilo del de la señora Merlano requieren tratamientos realistas y con posibilidades de resultados concretos.
Es por estas realidades que, sin importar que existan conflictos y tensiones, la diplomacia internacional desarrolló hace mucho el sistema consular. No para tratar los conflictos de los gobiernos sino para atender las, necesidades de los nacionales.
El sistema está inventado. Si las relaciones diplomáticas se han roto existen las oficinas de asuntos consulares, hay países que se encargan de los asuntos de otros. En fin, lo que no se puede es dejar al garete las realidades del día a día y hacer solicitudes sustentadas solo en el deseo.
Lo más triste, es que se le ha dado a Maduro la oportunidad para hacer propuestas sensatas al ofrecer la apertura de relaciones consulares y dejó a Colombia contra la pared.
El Presidente y la canciller tienen que reflexionar seriamente sobre la política exterior porque hay luces amarillas por muchos lados y a ello hay que sumarle episodios tan lamentables como el de la presentación en Naciones Unidas con fotos inexactas, el tener que aceptar que los Estados Unidos pidieran la no presencia del embajador Francisco Santos, que tantos errores había cometido y, en fin, un entorno en el que Colombia se ha ido quedando sola y supeditada a los caprichos de un gobierno americano que responde solo a los impulsos e intereses de un presidente que puede llevar el mundo a situaciones extremas y que ha demostrado, en diversas ocasiones, que no es una persona en la que se pueda confiar.
Con Venezuela nos guste o no hay que establecer canales de comunicación. Por un lado para darle un manejo adecuado al tema consular pero, por el otro, porque ya va quedando claro,que la salida de Maduro tendrá que ser negociada y la transición tiene que ser incluyente si no se quiere terminar en medio de una guerra civil.
Esto quiere decir, que muchos chavistas e incluso maduristas razonables tendrán que ser actores en la solución y Colombia debería jugar un papel importante en el proceso. Para eso es la diplomacia.
Ricardo Villaveces
Consultor privado
rvillavecesp@gmail.com

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