Abismo fiscal

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Con unos resultados que fueron menos litigiosos de lo que se pensaba, el presidente Obama fue reelegido.
El proceso no deja de plantear muchas dudas e inquietudes, pues resulta difícil entender que un país con el peso que tiene en el contexto global, desde cualquiera que sea la dimensión que se mire, esté viviendo una situación tan confusa.
La polarización que se ha venido dando y los temas que mueven la opinión no dejan de ser extraños para una sociedad que podría ser ejemplo de madurez.
Por el contrario, muchos de los asuntos que se debaten más parecen discusiones medievales que temas para discutir a estas alturas de la historia. Si esas fuerzas reaccionarias y fundamentalistas, que se expresaron de manera tan vehemente en esta campaña, alcanzaran el poder, los riesgos de confrontaciones culturales severas, serían mayores, cuando se observa, por su parte, el fundamentalismo creciente en el mundo islámico.
Pero, de otra parte, las posiciones aislacionistas y xenófobas que ha radicalizado el rechazo a los inmigrantes en muchos lugares es, a su vez, una demostración que muchos norteamericanos se niegan a reconocer, pero que es la realidad.
Ese es un país en el que las clases dirigentes Wasp (White Anglo Saxon Protestants), son cada vez menos relevantes y, por el contrario, las nuevas minorías ocupan cada día espacios más protagónicos.
En particular, los hispanos se han convertido en un actor muy importante en lo que sucede en esa sociedad, y las tendencias de crecimiento indican que lo serán, cada vez más. Los resultados de estas últimas elecciones mostraron lo decisivos que pueden ser los latinos en los procesos electorales, y ya no es nada extraño ver los apellidos hispanos en cargos de responsabilidad en todos los niveles.
Los retos de Obama son grandes y ojalá haya entendido que ajustarse a estas nuevas realidades le dará más posibilidades de sacar adelante un mandato que, hasta ahora, no parece ser especialmente destacado.
Los desafíos son enormes y, especialmente, la economía debe ser una verdadera prioridad para adelantar una gestión exitosa.
El problema es que si un tema tan delicado se va a enfrentar en menos de un mes a la irracionalidad de los republicanos, oponiéndose de nuevo a aprobar el presupuesto, las perspectivas no son muy esperanzadoras.
En este sentido, la tesis del embajador Gabriel Silva hace unos días, en cuanto a que, paradójicamente, Romney puede convertirse en una pieza clave en este momento, puede ser muy interesante.
Si Obama no encuentra respaldo en jugadores claves en el Partido Republicano, el comienzo de su mandato será en medio de una nueva tormenta. Romney, por su parte, puede haber entendido, después de su derrota y del proceso electoral en el que debió oír muchos puntos de vista, que tiene una oportunidad para ponerse por encima de los odios y actuar como estadista ayudando a superar este obstáculo inmediato.
Si se lograra esto, Obama podría dedicarse a defender su reforma de salud, a impulsar sus proyectos de inmigración y a buscar de forma decidida la recuperación de la frágil economía. Si, por el contrario, inicia su mandato con el llamado ‘abismo fiscal’, las cosas no van a ser fáciles.
Ricardo Villaveces P.
Consultor privado
ricavip@gmail.com
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