Aprendiendo de los demás
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Nadie aprende con la experiencia de los demás, pero cómo sería de provechoso que al menos se hiciera el intento de estudiar experiencias exitosas, pues son muchas las enseñanzas que deja la historia.
Cuando se piensa en las grandes ciudades del mundo, el nombre de New York aparece inmediatamente, y no en vano se le califica como la verdadera ‘capital del mundo’. Esto la debería convertir en punto de referencia de aquellos que aspiran a gobernar ciudades tanto por lo que se puede imitar como por lo que se debería evitar.
Pues bien, cuando se lee un poco sobre la historia de esa gran ciudad, son muchas las enseñanzas que ofrece, y llama la atención las similitudes con algunos de nuestros problemas. A finales de la crisis de la bolsa de 1929, por ejemplo, la ciudad estaba gobernada por un personaje llamado Jimmy Walker, que al caos económico que se vivía le sumaba una orgía de corrupción que uno asocia fácilmente a nuestros famosos ‘carruseles’. ‘Todo estaba para la venta’, y no solo robaban a manos llenas (como ya le había pasado unos años antes con otro alcalde que se considera el más corrupto de la historia de la ciudad, William Tweed), sino que desconocían la tragedia que comenzaba a crear La Gran Depresión. El alcalde, como cualquier Samuel Moreno, terminó en la cárcel, pero la ciudad se enfrentaba a un reto gigantesco.
Las condiciones se prestaban para que un político tomara el poder, y fue así como Fiorello La Guardia, que había dedicado la vida a la política y tenía poca experiencia como administrador, llegó al poder. Bueno, en lugar de pelear hasta con la sombra, como el señor Petro, y sin la arrogancia de creer que se las sabía todas se dedicó a liderar el proceso político, mientras le daba todo el juego a un gran ejecutivo que había sido funcionario público toda su vida y había demostrado sus virtudes como administrador. Robert Moses, que así se llamaba, aprovechó esta circunstancia y La Guardia, por su parte, entendió que su mejor aliado era el Gobierno Federal que, con Roosevelt, iniciaba el periodo de gasto público sin precedente, que era parte del llamado New Deal.
En vez de desperdiciar los recursos que ofrecía Washington, a diferencia de lo que ha ocurrido en Bogotá con los recursos para vivienda gratis, la pareja de La Guardia y Moses aprovecharon plenamente los recursos del Gobierno Central y dieron vida a la New York de hoy. Las grandes obras de infraestructura, los proyectos de vivienda, la recuperación de zonas deprimidas, entre otros, le dieron la vuelta a la ciudad y la prepararon para ser lo que ha sido desde la época de la posguerra.
Cómo sería de provechoso para todas las ciudades colombianas que se entiendan cosas tan sencillas, como esas de que la buena administración y la ejecución eficiente son la clave del éxito, y esto no es incompatible con el liderazgo político que el mandatario pueda tener. Qué pocos esfuerzos hacen nuestros Petros por aprender de los demás.
Ricardo Villaveces P.
Consultor privado
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