El camino adecuado

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El caso de Bogotá es lamentable, pues no tiene justificación alguna que después del avance que se había logrado se haya convertido en ejemplo del deterioro.
El problema se inició en la alcaldía de Garzón por la baja capacidad de gestión y la falta de visión de ciudad que tuvo esa administración.
Es cierto que tenían buenas intenciones en relación con los temas de pobreza, pero ser alcalde de una ciudad de estas dimensiones requiere mucho más que eso.
El desastre, sin embargo, fue el club de Moreno y sus amigos, que mostró no sólo falta de competencia para administrar, sino que permitieron o contribuyeron a que la corrupción y los delincuentes se tomaran la ciudad.
El proceso de maduración de los bogotanos afortunadamente se nota en la selección de los candidatos que se encuentran disputando el primer puesto de la capital.
Unos más, otros menos, se trata de personas capaces, que han demostrado compromiso con el país y se han destacado en las posiciones que han ocupado. Frente a los tenebrosos escenarios que se presentan en otras ciudades del país, los capitalinos debemos darnos por bien servidos, pues no hay razón para esperar desastres con lo que se viene.
El asunto, no obstante, es que estamos hablando de la ciudad que representa cerca del 40 por ciento de la actividad económica del país, que tiene un tamaño mayor al de muchas naciones, que cuenta con el potencial para ser un centro regional de negocios que puede dinamizar de manera muy importante la generación de empleo, de ingresos y de progreso.
Bogotá, de otra parte, produce un gran efecto demostración sobre el resto de Colombia, que pretende imitar lo que se hace en la capital.
Por eso, la responsabilidad de los bogotanos es doble, pues quiérase o no, lo que se hace en Bogotá tiene efectos sobre el resto del país.
No es tiempo para improvisar. Los retos de la ciudad son enormes y aun en las mejores circunstancias se requeriría al mejor alcalde posible. En esta ocasión no se trata sólo de la administración de una gran ciudad, sino de corregir y arreglar el desastre que dejó la administración Moreno. Afortunadamente la alcaldesa López ha iniciado este proceso y ha demostrado en poco tiempo la diferencia de una buena gestión.
Se necesita, entonces, la mayor experiencia, el mayor conocimiento del tema urbano y contar con referentes internacionales que permita traer a la ciudad las mejores prácticas, ya que no estamos con tiempo para improvisar ni para ensayar.
Se requiere, de otro lado, capacidad gerencial y un gran sentido de las prioridades para poder concentrarse en los principales retos. Se necesita liderazgo y capacidad de conformar equipos de primer nivel para que ejecuten el programa de gobierno del futuro alcalde.
Cuando se miran con estos criterios a los candidatos es bastante obvio que el que se ajusta a ellos es Peñalosa y ha demostrado con creces su competencia como alcalde. Ojalá la ciudad no se equivoque en esta importante decisión.
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