Consejos Comunitarios
Sería bueno evaluar de manera objetiva la utilidad de esas maratónicas jornadas, ya que no dejan de
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Entrevistaban en un programa radial a los candidatos presidenciales y les preguntaban sobre su intención de seguir o no realizando Consejos Comunitarios al estilo del presidente Uribe.
Resultaba interesante ver cómo patinaban en sus respuestas, sin que se les viera muy convencidos sobre su disposición a realizarlos, pero a su vez, sin atreverse a decir de manera clara, que no los irían a hacer. Se ve, pues, cómo no han logrado -o no han querido todavía- desligarse de la protagónica imagen de Uribe y de su particular estilo de gobierno.
No hay duda que a él este mecanismo le funcionó para conseguir mucho de la popularidad que registra en las encuestas. No obstante, sería bueno evaluar de manera objetiva la utilidad de esas maratónicas jornadas, ya que no dejan de surgir interrogantes acerca de la relación entre promesas y realizaciones.
Evidentemente "trabajar, trabajar y trabajar" fue un estilo de gobierno que se adaptó a las particulares condiciones de Uribe, pero no tiene mucho sentido que sea algo que todos pretendan imitar, puesto que sus condiciones personales no son fáciles de reproducir. La microgerencia puede ser una herramienta útil en algunos momentos, pero muy posiblemente, es mucho más importante un presidente que tenga tiempo para 'pensar, trabajar y descansar', y que no pretenda ser el centro de todo, sino el líder de un equipo calificado y la representación de unas instituciones, antes que de su propia personalidad. Ser el jefe del Gobierno y el de la oposición, como fue lo usual en estos eventos, es un camino popular, pero arriesgado, y con costos potenciales frente a su gente.
Regañar a los ministros en público y declararse sorprendido por las falencias de sus colaboradores puede ser efectivo frente a la opinión, pero no es el camino para conformar un equipo sólido. Puede que, en algunos escenarios, no sea fácil acomodarse a un nuevo estilo, pero es mejor acostumbrarse a nuevas formas de gobernar, y que quien resulte elegido no vaya a caer en el error de pretender ser una mala copia de Uribe en estos temas, sino que, desde el primer momento, deje en claro que va a tener su propio estilo que, con seguridad, le va a funcionar mejor.
Rodearse de buenos colaboradores, discutir los argumentos, reflexionar antes de tomar las decisiones, reconocer que no siempre se tiene la razón puede ser menos efectista, pero usualmente, lleva a resultados más sólidos. De otra parte, hay que tener en mente que si queremos progresar de manera sostenida y sostenible lo que necesitamos son instituciones sólidas antes que personalidades protagónicas y voluntarismo.
En fin, lo que debemos tener en mente es que, si bien hay que reconocerle muchos logros al Gobierno que termina, son también muchos los temas que suscitan preocupación. Hay que aceptar que ese particular estilo de gobierno está íntimamente asociado a la personalidad de Uribe, y no tenemos porqué esperar malas imitaciones, sino un nuevo gobernante que construya sobre lo construido y lidere, con su estilo, lo que debe ser la nueva Colombia de este período que comienza.
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