Complejidades de una política

El proteccionismo impone un fuerte sesgo en contra de las exportaciones.

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El efecto positivo de la mayor eficiencia y los cambios técnicos que han tenido lugar en los sectores más productivos (industria, minería, comunicaciones y algunas áreas de servicios) ha sido contrarrestado por un descenso en las participaciones de la industria y otros ramos del empleo. Por ejemplo, como lo advertí en la columna de El Tiempo, el sector industrial, que ha sido uno de los que más han aumentado su productividad, pasó de emplear casi 31% de la mano de obra en 1990 a una participación inferior a 20% en los últimos años.
Buena parte de su ganancia en productividad proviene de haber pasado a tecnologías intensivas en capital y menos en mano de obra.
El problema para el diseño de una política exitosa de crecimiento económico con aumentos de la productividad, que contribuya a que la economía crezca más aceleradamente, es que se necesita promover, a la vez, crecimiento y capacidad de generar empleo del sector industrial e inducir aumentos significativos en la productividad del sector agropecuario y en el de servicios, que absorben mano de obra con baja productividad, y están entre los caracterizados por la informalidad.
Esa política tiene que ser distinta a la ‘política industrial’ que piden algunos sectores.
El proteccionismo impone un fuerte sesgo en contra de las exportaciones, y lo que se necesita es exportar mucho más, particularmente bienes industriales. La excesiva protección limita las posibilidades de crecimiento de los sectores productivos, porque producen para el mercado local y están restringidos en desarrollo, aprovechamiento de oportunidades de especialización y de escala, que están supeditadas al tamaño del mercado doméstico.
Para que la productividad promedio total hubiera crecido al 1% anual con las productividades y las tendencias que se han visto desde 1990, el sector industrial tendría que haber crecido alrededor del 60% más desde 1990 mantenido su participación en el empleo, 11 puntos por encima de su nivel actual. Esto no lo pudiera haber hecho sin un crecimiento significativo de las exportaciones, con sus impactos positivos en el ingreso, el consumo y el ahorro.
Esto no sucedió, pero hubiera sido muy deseable por su efecto sobre el empleo y, porque estaría la economía en un círculo virtuoso. Colombia no lo ha experimentado, porque ha continuado la migración del campo a las ciudades de la mano de obra empujada por la violencia. Se le dio un gran impulso al sector de la construcción, pero no se ha obtenido un desarrollo industrial exportador que absorba productivamente la nueva mano de obra urbana.
Tenemos un sector industrial más productivo que hace 20 años, pero no ha crecido tanto para absorber la mano de obra que sobra en las ciudades, aumentada por la migración a causa de la inseguridad rural y desplazamiento forzado. Es necesario modificar las tendencias que impulsan el cambio estructural en el sentido contrario al que se necesita, para que la mano de obra fluya a los sectores más productivos de los menos productivos y para que estos aumenten su productividad y su producción.
Se están dando pasos en la dirección correcta, pero se perciben obstáculos. Los más prominentes son: el comportamiento de la tasa de cambio, inseguridad regional, ausencia de una estrategia exportadora y lentitud de los gobiernos para ejecutar.
rhommesr@hotmail.com 
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