La educación del Siglo XXI
Existe un desbalance entre oferta y demanda de "competencias" en el mercado laboral.
La evolución cuantitativa de los programas de educación se visualiza claramente cuando uno revisa las cifras de crecimiento. Según el Dane y MinEducación, la tasa anual de crecimiento compuesto, entre los años 1960 y el 2018 de la población matriculada en programas universitarios es del 8.26% (1960 = 20m alumnos / 2018 = 2 millones); comparada esta cifra con el aumento de la población (16.9 millones en 1960 y 48.58 millones en 2018), resulta que la población universitaria creció 4,5 veces más que la población del país.
Es necesario analizar los resultados desde el punto de vista cualitativo pues son evidentes el subempleo y el desempleo de los profesionales. Existe un desbalance entre oferta y demanda de "competencias" en el mercado laboral.
El futuro está en el sector de la tecnología. Específicamente en el campo del software y de la inteligencia artificial se requiere de profesionales que no necesariamente tengan un título universitario y que pueden prepararse en escuelas técnicas.
Creo que es válido plantear que un grupo de empresarios del sector, acompañando al MInTic, a MinEducación y a MinTrabajo, deben analizar el papel que debería desempeñar el SENA (la única entidad en el sector educativo que tiene fondos estables, como consecuencia de los aportes parafiscales del 2% de la nómina de los empleados formales) en la preparación de técnicos en los diferentes campos.
Complementando los programas actuales, se podría revisar el modelo alemán y analizar de qué manera se podría iniciar su implementación. El VET (Vocational Education and Training) ofrece una preparación académica especializada que se complementa con experiencia en un trabajo supervisado.
Los aprendices ocupan parte del tiempo en una escuela vocacional recibiendo conocimiento teórico de la ocupación que escogen y simultáneamente una entidad pública o privada les ofrece la oportunidad de adquirir conocimiento práctico y experiencia de primera mano.
En Alemania, los estudiantes dividen su tiempo de la siguiente manera: 40% en aulas y 60% en el trabajo, bajo supervisión de un entrenador certificado. Las compañías que ofrecen la práctica les pagan a los aprendices un salario mensual que va aumentando cada año de aprendizaje. Yo creo que empresarios con una marcada vocación social, gestores de compañías tecnológicas, estarían dispuestos a apoyar esta iniciativa y asumir el costo del salario de los aprendices.
Esta es una forma de tener un filtro para formar futuros empleados, pero no solo eso, pues las empresas estarían cumpliendo una labor frente al subempleo y al desempleo, al tiempo que satisfacen la demanda que tienen por estas disciplinas.
En un futuro, cuando el programa se amplíe a otros campos, lo ideal sería que, al igual que en Alemania, la tercera parte de los egresados de colegios entrara a un programa de entrenamiento vocacional.
Si se pudiera implementar este programa en Colombia se podrían solucionar dos desafíos que enfrentan las futuras generaciones: lograr un descenso en el desempleo de egresados universitarios, al tiempo que se crean nuevos profesionales para las industrias de mayor potencial en el futuro.
Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión.
skassint@gmail.com
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