¿Se rinde Presidente?
Que no haya ningún puente de diálogo entre Colombia y Venezuela es una guerra soterrada y silenciosa que raya en lo absurdo.
Érase una vez la guerra fría entre el mundo comunista y el capitalista: La Unión soviética de una parte y los Estados Unidos de la otra. Además, la China comunista, agazapada en su subdesarrollo y sobrepoblación, sin ninguna participación en el entorno global. Sin embargo y en ese contexto cuentan los chistes de la época cómo el líder soviético, Joseph Stalin, decidió iniciar una guerra contra la China maoísta.
El resultado era obvio entre dos estructuras económicas y militares tan disímiles: el primer día de la guerra: 50’000.000 chinos capturados; el segundo día: 100’000.000 tomados como prisioneros; el tercer día, otros 150’000.000 ciudadanos chinos derrotados y encarcelados. Después de los rotundos fracasos militares, Mao Zedong , el viejo y zorro líder de la revolución china llama por el teléfono rojo al líder de la Unión Soviética y en tono autoritario le hace la pregunta obvia frente a la invasión de prisioneros chinos: Camarada Stalin ¿Se rinde?
Cuando los gobiernos sumen en la miseria económica a su población, cuando promueven formas de violencia económica y social o cuando permiten la existencia de ejércitos privados que sustituyan su autoridad en grandes áreas de los territorios nacionales; a los ciudadanos indefensos no les queda más alternativa que emigrar, buscando nuevas condiciones de vida y de esperanza.
Pocas veces sus sueños se cumplen y, al contrario, cuando estas migraciones se producen entre países de bajos recursos se potencia y multiplica la miseria, el desempleo, la delincuencia, se deteriora la prestación de servicios públicos y sociales, los gobiernos receptores se ven desbordados y en la población van creciendo los sentimientos xenofóbicos.
Venezuela recibió en su país migraciones de todo el mundo desde los años cincuenta del siglo pasado y, notablemente, más de 4’000.000 de colombianos, los cuales se integraron e hicieron de ese país su patria y la de sus descendientes.
Sin embargo, lo impensable ocurrió, al rico lo volvieron pobre y migraron de Venezuela hasta ahora, más de 4’000.000 de personas (1’600.000 a Colombia). Entre más se vayan más se afianza el gobierno de dicho país: aumenta el ingreso per cápita, disminuye la oposición, se morigeran los disturbios, aumenta la tristeza colectiva y se impone la melancolía.
En sana lógica, el país receptor incrementaría el diálogo con su vecino en la búsqueda de soluciones conjuntas, apelaría a los acuerdos internacionales, a la solidaridad e inclusive, tomando en cuenta el pasado, pagaría con nobleza una deuda histórica.
Lo que no debería ocurrir sería desechar cualquier canal de comunicación, desproteger a los ciudadanos de las fronteras, dejándolos sin la posibilidad de acceder a sus autoridades consulares, no permitir la circulación de bienes y servicios porque con ello se promueve el contrabando, la violencia, la ilegalidad y la desinstitucionalización.
Que se rompan las relaciones diplomáticas es potestad de los presidentes. Que no haya ningún puente de diálogo y comunicación entre los dos países es una guerra soterrada y silenciosa que raya en lo absurdo. Al paso que vamos y ante el avance de tamaña tragedia humanitaria, económica, social y hasta ambiental, prontamente veremos por los medios de comunicación al señor Maduro dirigiéndose a el señor Duque para preguntarle con cinismo ¿Se rinde, Presidente?
Germán Umaña Mendoza
Profesor
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